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Aire de Luz, la tibieza soñada

Yohamna Depestre Corcho, 02 de noviembre de 2018

 

Centro Dulce María Loynaz, cuatro de la tarde, sala Federico García Lorca: el espacio literario Aire de Luz que apuesta por el diálogo entre el autor y el lector. Este 1º de noviembre estuvieron invitados dos poetas: Katherine Bisquet (Cienfuegos, 1992) y Ricardo Alberto Pérez Estévez (La Habana, 1963). Ellos representaron, como siempre, generaciones diferentes, diferente ritmo.

Katherine Bisquet ha hecho cine, fotografía y teatro; tiene publicado el libro de poesía Algo aquí se descompone (Colección Sur Editores). Por sus obras ha obtenido menciones en los premios Pinos Nuevos 2015, mención en Premio Hermanos Loynaz  2015 y Wolsan-CubaPoesía 2013. De ella, quien fuera la primera en leer, dijo la conductora del espacio, Basilia Papastamatíu:

Debo reconocer que no había leído los poemas de Katherine Bisquet con mucha atención hasta hace poco […] Y aunque es todavía muy joven, creo que ya podemos pronosticar que sin duda no nos va a defraudar. Por lo que espero con curiosidad su evolución en este terreno. Los poemas que leí la colocan positivamente dentro de esa tendencia que caracteriza a sus contemporáneos, que es la de asumir la escritura con una libertad total, despojada en lo posible de todas las normas, poéticas y prácticas precedentes, prestigiadas o no. Y a partir de allí cada cual se encamina hacia donde su sensibilidad o impulso lo muevan. […] se siente muy cómoda recuperando el lenguaje más común y sobre todo en sus formas más dialogantes, inquisitivas, interrogativas y además ampliamente opinantes. Con versos cortos, fluir dinámico y apasionado, que se preguntan y se responden, que no temen decir verdades aunque duelan, que no disfrazan ni ocultan, que buscan, no simplemente lamentar y rechazar, sino sacudir y transformar. Por eso su poesía resulta de una lucidez y calidad estimulantes, y espero que lo siga siendo.

Katherine decidió leer, de su proyecto de libro “Uranio empobrecido”, los poemas “Año 92”, “Algo aquí se descompuso”, “Ciudad nuclear, mon amour”, “Al margen de las cosas”, “Te vendo un ejercicio de localización”, “El padre” y “Exhumación”. Los versos se refieren a su vivencia en la termonuclear de Cienfuegos y estaban llenos de desesperanzas y esperanzas.

A diferencia de los de esta autora, los de Ricardo Alberto Pérez Estévez no tenían título. Fueron escogidos de sus proyectos de poemarios “Hola, Konchalovski” y “El caballo de Haneke”.

La poesía de Ricardo Alberto Pérez coloca al lector ante un modo inusual de escritura. No la respalda ningún canon estético, porque, al igual que otros poetas de su generación, en    los años 80 y 90, este autor partió de una ruptura, de una puesta en cuestión de las estéticas literarias ya establecidas y sacralizadas, para emprender su relectura, su revisión y su recomposición, privilegiando el propio movimiento de la escritura, dando paso a la sabiduría de su propia combinatoria. […] busca las relaciones posibles siempre complejas entre lenguaje y substancia, lenguaje y objeto, lenguaje y realidad. […] Hace pues que la palabra exprese de otra manera, signifique de un modo diferente, o sea nuevo, que es la aspiración de todo poeta verdadero.

Este reconocido autor ha publicado varios poemarios y antologías de poesía cubana y brasileña, una antología de toda su obra y otros títulos. De los libros que ha escrito, el que prefiere es Vengan a ver las palomas de Varsovia (Letras Cubanas, 2013). Ha obtenido varios premios, entre los que destacan Nosside Caribe 2005 y Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2007 con el libro Oral B.

En los textos leídos constatamos su filosofía, pues muchas veces nos ha dicho que considera al poema no como una pieza aislada sino como un aro performático. Coincidimos con Richard cuando nos dice: «La poesía es como unir un poco de agua caliente y un poco de agua fría para que salga la tibieza soñada».