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Única

Dai Liem Lafá Armenteros, 14 de septiembre de 2018

La villa habanera de Guanabacoa vio nacer en el año 1900 a una niña que respondería al nombre compuesto de Rita Aurelia Montaner Facenda. Nunca mejor puesto. Rita es un diminutivo de Margarita y significa "algo de gran belleza", en tanto Aurelia es "dorada y resplandeciente".

Todo el que conoció personalmente a esta cantante, pianista y actriz de hechizante voz de soprano y excepcionalmente dotada para el arte, sabe que los nombres le vinieron de perlas, pero no tanto como el apelativo que la inmortalizó en la historia de la música cubana: La Única.

Rita, filosa y polémica, durante su carrera dijo lo que quiso y dio de qué hablar. Se propuso llegar a una cima musical que estaba vedada para mujeres como ella, mestizas y sin riquezas. Se cuentan innumerables anécdotas sobre su personalidad, actuaciones, viajes e interacción con otras estrellas de la primera mitad del siglo XX.

A las verdades y mitos que rodean a esta célebre habanera nos abre la puerta el autor Ramón Fajardo Estrada y su texto Rita Montaner: testimonio de una época, en el espacio Sábado del Libro de la Calle de Madera.

El vehículo es esta obra en dos tomos que publica, en una tercera edición corregida y aumentada, la Editorial Oriente.

Se trata de una nueva oportunidad para dialogar sobre esta investigación que fue galardonada, en 1997, con el Premio de Testimonio Casa de las Américas y el Premio de la Crítica Literaria. Es un pretexto para sencillamente hablar de Rita, una cubana que llevó con auténtica gracia y talento a su Isla allí donde estuviese, que rompió barreras y sorteó estigmas raciales y de género en aquella etapa dura y competitiva.

Brilló en los escenarios líricos, pero en el cine se elevó para siempre La Única, en aquella película dirigida por Ramón Peón en 1952.

Aquejada de terrible enfermedad pereció en 1958, en un adiós arropado del pueblo que la admiraba. Pero ya se sabe, para las grandes morir no es el fin.