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Ronel rima con décima

Rosana Rivero Ricardo, 11 de septiembre de 2018

Ronel González es un “poeta moderno” sin dejarse arrastrar por la corriente literaria. Lee sus versos en un teléfono inteligente y lleva un diario privadamente público en su página en Facebook.

Ahí conviven una peculiar antología de su obra, promociones literarias, consejos para “pasar una variante "más suave" del dengue y las más íntimas confesiones.Su foto de portada está 67 veces compartidas y revela que es de un pueblo de cuyo nombre sí quiere acordarse: Cacocum.

Y escribe que vio el mar por primera vez a los quince años. “A los 15 del mar no, a los 15 míos”, aclara para concluir que “desde entonces siempre quiero celebrar mi cumple ante él”, lo cual aprueban los amigos con más de 120 Me gusta.

El mar no fue el único que se ausentó en su infancia. Por eso, nació el poema en décimas “Inventario de carencias” que en una “auditoría” actualizada valora el poeta de otra manera:

“Hoy no veo tan terrible esa infancia. A veces me parece muy hermoso todo lo que viví. Lo que pasa es que los poemas nacen en circunstancias de tristeza o emoción muy fuerte. Quizás estaba triste cuando escribí esas cosas dolorosas, pero que son parte de mi biografía.

“Lo que ocurrió fue que era un muchacho bastante apartado, porque me pasaba la vida leyendo, estudiando, y practicando la literatura desde que tenía nueve años cuando me incorporé a un taller literario de mi municipio”.

Algunos critican sus “horas/Facebook”, pero sus amigos virtuales agradecen el racimo de décimas que Ronel allí cultiva:

“Iba a cumplir doce años cuando descubrí la décima en un libro de El Indio Naborí. Empecé imitando esas estrofas. Como andaba desorientado, conocí y dominé cuanta estrofa había como octavillas, ovillejos, sextinas, sixtillas, sonetillos, tercetos, quintetos que hoy están en desuso.Sin embargo, ese trabajo que pudo parecer inútil, fue importante. Cuando escribo para niños utilizo un diapasón de estrofas bastante amplio, experimento y hago rupturas. Así sucedió con el poemario El secreto alboroto de los bichos, uno de mis diez libros para niños, entre ellos, tres de narrativa.

“La décima es un molde muy factible para escribir, por eso es la estrofa nacional cubana. A mí se me da fácil. Creo que pude ser hasta improvisador, pero nunca desarrollé eso. Siempre me dediqué a escribir. El poema más literario tiene otros códigos y necesita maduración.

“Mis décimas a Martí quería escribirlas hacía muchos años, y no me salían. Me preguntaba si podría hacer algo novedoso, pues muchos poetas le han cantado, hasta que entendí que cada persona es diferente y, por tanto, lo que escribas es distinto. En seis días terminé el poema.Pero me llevó toda la vida, hasta que se dio el momento, el chispazo, las emociones. Martí se había convertido más que en un ser de libros, en un ser vivo”.

Y ha de ser así, porque de él y de Céspedes habla como padres en su diario. Cuenta en su bitácora digital que fue en este agosto a Contramaestre para seguir hacia San Lorenzo y Remanganaguas, con intenciones de hacer su pequeño y soñado homenaje a Céspedes y Martí.
 
Aquella “ha sido una de las experiencias más intensas de mi oscura vida provinciana”, apunta el bisnieto del capitán mambí Pedro, a las órdenes del Mayor General Calixto García.En ese parentesco deben estar las raíces de uno de sus libros más recientes, Teoría del fulgor accesorio, una revisitación desde la décima a la Historia de Cuba.

“No soy un historiador puro, soy un poeta que escribe acerca de la historia. He tratado de indagar desde la poesía en el mundo independentista cubano. Me interesan otras épocas, pero esta es tan vasta y profunda que resulta compleja, así que me quedé en ella -por ahora. He escrito poemas a Máximo Gómez, Antonio Maceo, Vicente García y Quintín Bandera recogidos en el libro Teoría del fulgor accesorio”.

Ronel no es un historiador o un literato de traje almidonado, porque sabe cultivar muy bien el humor:

“Siempre tuve mucho sentido del humor, lo que no creía que podía escribirlo.Hoy hago humor para niños, que es uno de los géneros más difíciles de escribir, sobre todo los de poesía. En el caso del humor para adultos, las situaciones hilarantes que encuentras en la literatura y la vida cotidiana, te propician encontrarte como humorista.

“Tengo un libro publicado: Érase un elefante bocarriba, que es un recorrido por toda la historia de la décima humorística del siglo XX cubano para acá. Hay textos míos, apegados a una visión más tradicional del asunto para contar una historia risible, pero cuidando mucho el lenguaje”.

“En el año 2010 recibí el Premio en Décima Humorística en el Festival del Humor Aquelarre. Ahora en 2018 repetí el lauro con un cuaderno de 40 décimas titulado El Platón del banquete. Ese libro deberá tener 100 décimas. Son textos con una mirada humorística hacia la Historia de la Filosofía. Es un humor más culto, para ser leído por personas que hayan estado, como yo, muy atormentadas con esta materia”.

Para resumir un curriculum tan amplio como un diccionario, dice Facebook que ha estudiado Historia del Arte en la Universidad de Oriente y que, además de poeta, escritor para niños y profesor del Centro de Promoción Literaria Pedro Ortiz, es investigador cultural, por lo cual no solo produce literatura, sino que la investiga:

“Cuando estaba en la carrera me di cuenta de que podía ser investigador de la literatura, porque me interesó el tema de las metodologías para un día desecharlas, pues si las sigues fielmente escribes un libro más y ya. Luego empecé a trabajar como investigador cultural en la Casa de Iberoamérica y comencé a indagar sobre la historia de la décima escrita y motivé a otros a escribir sobre la improvisada.

“Eso me inspiró a hacer libros complicados como Atormentado de sentido para una hermenéutica de la metadécima. Es un texto donde apliqué el lenguaje de las academias a la décima, para hacer visible que se podía escribir una poesía en décima muy elevada como la que se hace en verso libre, muy teórica, conceptual.

“Más adelante indagué sobre la poesía en verso libre y me interesé por figuras más puntuales, como Delfín Prats, de cuya obra escribí un libro publicado en 2017”.

Ronel es muchas más cosas de las que escribe en su Facebook: fue metodólogo de Literatura, asesoró los talleres de toda la provincia, durante diez años escribió para la radio, dos programas que todavía se escuchan: Un lugar para la poesía y Viajera peninsular, este último proyecto suyo dedicado a la décima. También ha intentado con guiones televisivos y dos de dibujos animados. Si le preguntas con cuál de tantos Roneles se queda, sobresale el filosófico para enseñarte que “el ser humanoses diverso, multidimensional. Tienes posibilidades que a veces ignoras. Nunca digas que tú eres incapaz de hacer esto o aquello. Si te lo propones, si investigas, si tienes amor o fe por eso, lo puedes lograr.

“Hubo un escritor muy humilde que cuando tenía quince años me dijo: ´Tú vas a hacer todo lo que te propongas ser, y tenía razón. Creo que pudiera escribir noveles o grandes libros de ensayos, por lo voluminoso, pero uno tiende a preferir alguna cosa sobre otra y a mí me gusta hacer humor.

“Hay personas que ven mi amistad con José Luis Serrano, ganador del Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén, y me dicen ‘te estás quedando atrás. No considero eso. Lo importante es el flechazo, no el blanco. Hay que sentirse bien con lo que haces y estoy feliz porque escribo”.

Tomado de ¡Ahora!

Elaine Vilar Madruga, 2018-11-08
Madeleine Sautié, 2018-10-31
Antonio López Sánchez, 2018-10-19