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Poesía de Erika Burkart

Olga Sánchez Guevara, 09 de julio de 2018

Descubrí a Erika Burkart en la biblioteca de la Casa de Traductores Looren, rodeada por los montes nevados tan recurrentes en la obra de esta poeta suiza. Me fascinó ante todo su estrecha relación con la naturaleza, que llega a ser identificación: nada raro en alguien que creció y vivió hasta su muerte en una casa rodeada por un jardín real cuyas descripciones recuerdan el Jardín soñado en la novela de nuestra Dulce María Loynaz. La poeta suiza y la cubana comparten con la austríaca Friederike Mayröcker la capacidad de atender a los cambiantes matices del paisaje y reflejarlos en sus textos.

A veces rozando el límite de lo expresable, en poemas cuyas imágenes se condensan en la brevedad; otras, en el tono conversacional y cercano de sus poemas más extensos con vocación narrativa, Burkart ilumina el entorno natural como espacio de encuentro del ser humano con su yo más íntimo, en la contemplación de un paisaje donde árboles, montañas, flores y pájaros son presencia constante, ya sea real o recordada.

Nacida en 1922 en el cantón de Aargau, Burkart estudió magisterio desde 1938, y se desempeñó como maestra de primaria de 1942 a 1952. Después de vivir algún tiempo en Francia, Italia, España e Irlanda, se estableció como escritora independiente en la casa de su infancia, la antigua abadía de Muri, con su esposo Ernst Halter, también escritor.

Erika Burkart recibió altos galardones literarios de su país y del ámbito de lengua alemana, como el Premio Droste de la ciudad de Meersburg, Alemania, y el Gran Premio Schiller en Suiza. Falleció en 2010 en Muri, dejando un extenso legado que incluye novelas, memorias y varios libros de poesía, entre ellos Die Freiheit der Nacht (La libertad de la noche, 1981), Schweigeminute (Minuto de silencio, 1988) y Geheimbrief (Carta cifrada, 2009) de los cuales proceden los poemas que he traducido para esta sección, y que forman parte de mi proyecto de antología poética de esta autora.


Comienzo del invierno

Por la mañana
entre los flecos de la rama de abeto
movida por el viento
la primera nieve
en las colinas lejanas.

Winteranfang

Am Morgen
zwischen den windbewegten
Fransen des Tannasts
der erste Schnee
auf den fernen Hügeln.


***

Los brotes tempranos

Como si pudieran darnos algo
de su fuerza concentrada
en el más pequeño espacio.

Apegados piel con piel,
plumón con plumón
como amantes que se protegen
en la eternidad de una hora
de las garras de la noche,
las punzadas de la luz.

De una mañana distante el impulso
de abrirse, instinto,
mecanismo y más –

Es este más
al que ellos cercan.
Crecen, apremian,
nacimiento de una hoja
desde el árbol madre.

Ahí estoy yo en la senda de grava
y no lo concibo,
quisiera seguirlos
desde el principio –, una hoja
que se acuerda de la raíz.

Die frühen Knospen

Als könnten sie einem von ihrer
in kleinstem Raum
geballten Kraft etwas geben.

Haut in Haut geschmiegt,
Flaum in Flaum
wie Liebende, die sich schützen
in der Ewigkeit einer Stunde
vor den Fängen der Nacht,
den Stichen des Lichts.

Eines fernen Morgens der Drang
sich zu öffnen, Trieb,
Mechanismus und mehr –

Es ist dieses Mehr,
das sie umschliessen.
Sie wachsen, sie drängen,
Geburt eines Blatts
aus dem Mutterbaum.

Da steh ich im Kiesweg
und fasse es nicht,
möchte mithalten
von Grund auf –, ein Blatt,
das sich der Wurzel erinnert.

***

Soldanella Alpina

Para Kathrin M.

En el diálogo
con la eterna nieve
somos copo,
desventura en tristeza,
un temblor, una nada –
y cuando sin embargo nos entibia
el estremecimiento de la dicha,
hallamos la flor en el hielo,
tan resistente como suave,
campanilla deshilachada:
entre el verde y el blanco
en la frontera del valle nevado
en el microclima de la hondonada
mensajera de la luz
Soldanella.

Soldanella Alpina

Für Kathrin M.

Im Zwiegespräch
mit dem ewigen Schnee
sind wir Flocke,
Verhängnis in Trauer,
ein Zucken, ein Nichts –
und wärmt uns doch
der Schauer des Glücks,
finden wir die Blume im Eis,
so zäh wie zart,
Glöcklein gefranst:
zwischen Grün und Weiss
an der Schneetalgrenze
im Mikroklima der Mulde
Botin des Lichts
Soldanella.


***

Cénit

No, no me acuerdo.
Fuera de mí yo estaba en ti
en otro tiempo,
en otro lugar,
allí donde nada
proyecta una sombra
y los torrentes se detienen
en la luz.

Zenit

Nein, ich erinnre mich nicht.
Ausser mir war ich in dir
in einer anderen Zeit
an einem anderen Ort,
dort, wo nichts
einen Schatten wirft,
und die Ströme stillstehn
im Licht.


 

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Lourdes Beatriz Arencibia Rodríguez, 2018-06-11
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