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El silencio de los peces, de Eduard Encina

Alina Iglesias Regueyra, 05 de julio de 2018

En el año 2003, el escritor, poeta y pintor Eduard Encina, natal de Santiago de Cuba y fallecido muy recientemente en pleno florecimiento de su vida y su obra, fue premiado por la Casa Editora Abril por el cuaderno de poesía que escribió para la infancia y tituló El silencio de los peces, el cual vio la luz por vez primera en 2005. Para suerte de quienes apreciamos su arte, doce años más tarde se realiza la segunda edición de este volumen por la Editorial Oriente, y se encuentra a la venta aún en los estanquillos cubanos que promueven el sano hábito de la lectura durante estos calurosos días estivales.

Temas tan abstractos como la frase de sentido existencial que da título al poemario, la cual se erige como figura y símbolo reticente en el decurso de las páginas hasta desembocar en el poema homónimo final, son abordados por el creador para el público más sensible y sincero, sin temores de incomprensión. La muerte enigmática e inevitable; el amor vendido y comprado; la vejez vulnerable y solitaria; la niñez enferma, abandonada o cruel; la maternidad descuidada, depresiva y conforme; la paternidad ebria, incompetente y escapista, son tópicos tristes que llegan a concretarse en realidades inevitables, recurrentes en la obra del autor; quien los resuelve literariamente apenas sin violencia verbal, sino más bien con un toque de melancolía y delicadeza a través de metáforas y alegorías certeras, de imágenes muy bien dibujadas, como esta que les presento:

Los regalos de mi hermana
Mi hermana sale a pasear
Por largo tiempo y vuelve
Con trajes nuevos, regalos
Con un amigo que tiene
Un auto azul como el cielo
Y la ciudad en sus lentes.
Mamá se llena de gozo
Papá discute, se pierde
A beber con sus amigos
Y al otro día aparece
todo triste por mi hermana
Que me trajo estos juguetes.
Papá llegó, no la besa
Vuelve a salir. ¿Quién lo entiende?

Otros poemas reflejan puras sensaciones y sentimientos (“Miedo”), preguntas, dudas y descubrimientos infantiles relacionados con la sexualidad (“Juegos de Gabriel”), con el amor y el sacrificio (“Ausencia”), la soledad y la amistad (“Lucero”), o con la muerte (“Leodanis pregunta”), pero siempre a través del asombro y la maravilla que provoca la primera mirada. La fabulosa construcción de estas poesías, todas breves pero con una rápida y efectiva resolución dramatúrgica, las convierte en preciosas obras de arte. Destaca el uso efectivo del lenguaje mediante personificaciones, onomatopeyas y otros recursos lingüísticos, expresivos y estilísticos como el empleo del monólogo interior, la interrogación, la reiteración o repetición de ideas o frases claves que potencian significados implícitos o explícitos, pero siempre ofreciendo un punto de vista a la vez profundo y pueril.

La ola
La ola al fin se levanta
El viento fuerte la empuja
¿De dónde viene la ola?
¿Y cómo alcanza esa altura?
¿Por qué la ola se duerme
Sobre la orilla hecha espuma?


No está ausente el humor sutil que rodea el juego con las mascotas y su intención de comprenderlas (“Sobre el tejado”), así como las travesuras que pueden llevar, durante el proceso de su sanación, a deliciosos momentos de fugaz ternura, como podemos apreciar:

El leñador de mi pueblo
Pasa con su carretilla
El leñador de mi pueblo
Mis amigos lo rodean
Y le gritan que es muy feo.
No dice nada, no dice
Si le apedrean el sombrero.
El leñador pasa triste
El leñador es muy viejo
No dice nada, no dice
Yo sufro con su silencio
Me acerco para ayudarlo
Y el leñador me da un beso.

La presente publicación cuenta con la edición de Asela Suárez y el diseño y la composición de Sergio Rodríguez Caballero. Andrés Batista Valdés se encargó de las excelentes ilustraciones, que gozan de su pericia como dibujante y acuarelista, y logran reflejar tanto en la cubierta como en las páginas interiores, la esencia más íntima de cada texto en toda la extensión de una paleta bien calibrada que logra contrastes, tensiones y distintas calidades de trazos, plenos de belleza visual.

El escritor Eduard Encina Ramírez había nacido el 27 de enero de 1973. Estudió Licenciatura en Educación Artística y se hizo profesor de Apreciación de las Artes Visuales. Tanto su poesía como su prosa han sido reconocidas por públicos de todas las edades. Entre ellas hemos destacado en estas páginas digitales los títulos Las caravanas, cuentos breves de 2013 por Ediciones Caserón de la UNEAC santiaguera, y su última novela para la infancia, Ñámpiti, a la luz en 2015 por la Editorial Sed de Belleza, de Villa Clara. La invitación a la lectura de El silencio de los peces era una deuda a salvar con los lectores y con el propio autor, quien dejó su corazón en cada letra y cada verso. 

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