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Eduardo Zamacois, el escritor español nacido en Pinar del Río

Leonardo Depestre Catony, 13 de julio de 2018

 

La instantánea acompañante se publicó por vez primera en julio de 1911 −¡hace pues 117 años!− en la revista El Fígaro, aunque nosotros la tomamos, reproducida, de la página 140 del semanario Bohemia, en su edición del 15 de julio de 1951. El pie de la fotografía expresa:

Zamacois en El Fígaro.
De cuando en vez don Eduardo Zamacois se acuerda de que es cubano; hace un viaje a La Habana, se retrata, y de nuevo emprende el vuelo. Esta foto, aparecida en julio de 1911, fue tomada por Santa Coloma en la redacción de El Fígaro, y en ella vemos al poeta Manuel Lozano Casado entrevistando al gran novelista. (A continuación se detallan los nombres de los restantes rostros incluidos en la instantánea).

Ponemos la información a la consideración del lector porque no de otra manera que como un ¨caso singular¨ se nos ocurre clasificar el de Eduardo Zamacois  y Quintana, el conocido escritor español nacido en la occidental provincia de Pinar del Río.

De que Zamacois portaba sangre de peregrino no nos cabe dudas, porque después de nacer en Cuba y regresar a España, la tierra de su sus ancestros, desanduvo buena parte de Hispanoamérica.

Aclaremos algo antes de entrar en los detalles: un tío de nuestro personaje, también nombrado Eduardo Zamacois y Zabala, sí nació en España (Bilbao) y alcanzó renombre como pintor, acotación que resulta válida porque en ocasiones se confunden las personalidades y quehaceres de uno y de otro.

Zamacois nació en 1876 en Pinar del Río, región hacia la cual su padre había emigrado y donde se casó. No existen precisiones acerca de la fecha exacta en que su familia lo llevó consigo a España, pero se sabe que fue en edad temprana, cuando contaba alrededor de cuatro años, por lo que toda su formación transcurrió en la Península y nunca dejó de ser español, pues al nacer, Cuba vivía aún en su período colonial.

El expediente cubano de Eduardo Zamacois prácticamente se cierra ahí, pero al mismo tiempo se abre el de una personalidad interesante, con una obra literaria que no siempre ha conseguido sobreponerse al juicio del tiempo, ni a la crítica que, más sosegada, puede ahora valorar lo que queda o no de la memoria de un autor.

Se educó en Madrid y pronto optó por el periodismo y por la literatura. Fundó y dirigió publicaciones, colaboró en otras. Entre tanto, no dejaba de incursionar en la literatura, al punto que en muchos sitios se menciona la precocidad de Zamacois como autor, quien a los 18 años publicó su primera novela, La enferma, a la cual sucedió Punto negro.

La relación de sus obras es copiosa. Se le tiene como uno de los más conspicuos autores dentro de la corriente de la narrativa erótica en España, que alcanza auge desde finales del siglo XIX hasta los dos primeros decenios del siglo XX, cuando decae, presumiblemente no tanto por el desdén de los lectores como por la censura del régimen. Por cierto, se le llamó eufemísticamente “novela galante”, era de índole amorosa y también algo superficial, una suerte de desprendimiento de las corrientes realista y naturalista que tuvieron grandes momentos e ilustres representantes en la novelística europea finisecular.

Obras como Incesto, El seductor, Memorias de una cortesana, Sobre el abismo y Las confesiones de un niño decente, revelan por sus mismos títulos el marco estilístico de Eduardo Zamacois al cual aludíamos.

Más adelante su literatura incorporó otras temáticas más comprometidas, que se emparientan con su orientación cada vez mayor con el republicanismo y lo forzaron a exiliarse con la asunción al poder del franquismo. Después su vida será de peregrinaje por México, Estados Unidos y Argentina, donde murió en 1971, cuando algunos se preguntaban si el longevo y prolífico autor alcanzaría el siglo de vida. En 1964 había publicado sus memorias: Un hombre que se va... y aún en 1970 salió otra novela suya.

Popular y muy leído en los comienzos del siglo XX —puede acercarse a sus libros en la biblioteca o quizá toparse con alguno de ellos en las librerías que comercializan ejemplares de segunda mano—, este pinareño es hoy un personaje acerca del cual se cuentan aún muchas historias, como esta, ciento por ciento real, nacida a partir de la curiosidad de una fotografía.