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Literatura y tecnología: ¡no más nostalgias!

Sara González Walteros, 15 de mayo de 2018

Hace unos días leí, a través de Instagram, la esperanza que afirmó tener Mario Vargas Llosa de que los libros sobrevivieran a Netflix. Hay mucho por decir al respecto, pero todo depende del punto de vista desde el que se mire. Personalmente considero que detrás de esa “esperanza” hay un miedo, que inexorablemente debe ser tildado de conservador, de que los libros en su propiedad física desaparezcan o sean reemplazados por pantallas y productos audiovisuales. Pero ¿acaso no es la tecnología un universo que le abre a la literatura más posibilidades de las que esta por sí sola tiene? La respuesta es un sí enorme. El problema está en quienes nos enamoramos de la experiencia de leer un libro en físico, pasar sus páginas, olerlo, sentir la textura de sus hojas y su portada; y es que nadie nunca podrá afirmar que es lo mismo leer en una pantalla plana en donde se desliza y se va avanzando, que en un libro en el que se ve con emoción el grosor que se ha leído y qué falta por leer.

Sí, quienes adoramos esa experiencia somos unos nostálgicos y nos cuesta creer que la literatura se conecte con la virtualidad de la tecnología, con algo no tan tangible como lo es un libro. Pero estamos en un mundo cuya forma de pensar cambió completamente en el momento en que empezó a buscar la globalización.

La literatura no es algo que tenga que permanecer intacto y estático mientras todo lo demás está en constante cambio. Esta tiene una esencia e historia hermosísima que está inevitablemente arraigada a los libros, a la imprenta, a la escritura, pero no tiene por qué limitarse y quedarse allí. Aún pueden producirse libros que gocen de una extensión más allá del mundo físico y que logren enamorar e introducir a muchas otras personas al mundo literario. De todo lo anterior sale una respuesta cariñosa: ese miedo debe desaparecer si en realidad buscamos que la literatura conecte con tantas personas como hace siglos lo hacía. Esta puede extenderse y explorar otros soportes sin dejar la literaturidad de la que se habla en los estudios literarios.

Podemos ser unos empedernidos amantes de la tradición literaria y todo lo que esta implica, pero no por eso debemos limitarla como si fuera un amor al que no podemos brindarle la libertad de simplemente ser.

 

Tomado de El Colombiano

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