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“Si yo no fuera escritor, creo que sería el hombre más infeliz de la Tierra”

Joes, 16 de mayo de 2018

A propósito de celebrarse El Autor y su Obra hoy 16 de mayo, Cubaliteraria conversa con el escritor homenajeado, Alberto Guerra, actualmente, presidente de la Sección de Narrativa de la UNEAC.

Alberto Guerra Naranjo nació en 1963, en La Habana, es Licenciado en Historia y Ciencias Sociales. Ha publicado los libros: Disparos en el aula, 1992; Aporías de la Feria, 1994; Blasfemia del escriba, 2000 y 2002, y La soledad del tiempo, 2009 y 2017, entre otros. Es uno de los más grandes narradores cubanos en la actualidad. Entre finales de 2017 e inicios de 2018 obtuvo dos relevantes premios literarios en el extranjero. De esos recientes éxitos y de la importancia de la lectura, nos habla:

Al parecer, empiezas a tener más “suerte” en concursos en el extranjero, donde usualmente la participación es mayor que en Cuba. ¿Es que reservas tus obras para esos premios mejor dotados y promocionados?

Confieso que nunca antes había participado con sistematicidad en concursos extranjeros, pero resulta que en el 2017 el jurado del importante premio de cuentos cubanos Alejo Carpentier declaró el premio desierto y luego uno de ellos, en condición de periodista, confirmó en un artículo que la escritura del cuento cubano estaba en crisis. Confieso, además, que me molesté muchísimo y respondí a ese artículo con otro en la misma revista virtual La Jiribilla, porque veinticinco autores, con veinticinco manuscritos, donde me incluyo, habíamos participado en el importante concurso nacional.

Por supuesto, en Literatura protestar no resuelve mucho si no demuestras tu valía como escritor con alguna alternativa y como vivimos en tiempos virtuales eché mano a Internet. Existe un sitio llamado escritores.org donde aparecen múltiples convocatorias, opté por aquellas de primer nivel donde los montos económicos fueran de más de tres mil euros y me di a la tarea de participar en cuatro o cinco donde cupieran los mismos cuentos enviados al Premio Alejo Carpentier y en los que no me ajustara a las bases, pues escribiría cuentos especialmente para ellas.

No he reservado mis obras para triunfar fuera de mi país, todo lo contrario, ese cuento, "El pianista del cine mudo", ha concursado varias veces en el concurso Julio Cortázar y varias veces en el Alejo Carpentier de cuentos junto a otros, pero él, junto al libro entero, no ha corrido buena suerte nacional.

No obstante, ahora con el Premio Internacional de Relatos Cortos José Nogales, obtenido por este humilde escritor cubano, el cuento es premiado con seis mil euros, me han invitado a Huelva a recibirlo en acto especial solo para eso y la noticia alcanza niveles mundiales allende los mares, o lo que es lo mismo, se ha premiado ese pequeño cuento en un sitio donde se participa con sobre lacrado y seudónimo, y donde, por suerte, nadie me conoce.

Lo mismo ha ocurrido con el cuento "Miserias del reloj", texto escrito especialmente para el Premio Internacional de Relatos Cortos sobre Discapacidad, convocado desde Valladolid, pues jamás había escrito algo sobre el tema y me vi urgido de escribir treinta páginas en apenas una semana. Con "Miserias del reloj" no obtuve el primer lugar, pero gané el segundo premio.

Insisto en que no creo en los premios literarios, pero necesito existir como escritor de ficciones y lamentablemente si no obtienes premios literarios, en una época de competencias como la que vivimos, los mecanismos promocionales no creen en uno; aunque seas buen escritor te apartan, te excluyen, te ningunean, no te invitan ni a una feria del libro en la más lejana provincia, y los colegas y los críticos en vez de salvar la obra de calidad no premiada, pues terminan presa de la misma confabulación excluyente. Por desgracia vivimos tiempos incómodos, donde la premiofilia predomina sobre las calidades literarias y eso es muy triste.

Con aquel resultado del premio desierto llegué a comprender que mi literatura y mi persona no iban a ser premiadas jamás en mi propio patio y que debía ofrecer resistencia desde otros ángulos. Para mi buena suerte he demostrado con suma evidencia que quien escribe con calidad dentro de Cuba puede ofrecer resonancias responsables en cualquier punto del planeta, pero lo que resulta lastimoso es que dicha resonancia literaria se refleje en todas las prensas importantes del mundo menos en la nuestra, donde todavía no se han enterado que en diciembre obtuve el II Premio Internacional de Relatos Cortos sobre Discapacidad en Valladolid y que en marzo obtuve el Premio de Relatos Cortos José Nogales.

¿Crees que hoy, en cuestiones de literatura, un autor puede ser auténticamente creativo, y a la vez, gozar de éxito comercial?

Son los autores auténticamente creativos los que tienen éxitos de lectores y éxitos de venta, lo uno no anda distanciado de lo otro. Homero fue un autor auténticamente creativo que andaba con su lira y con su bastón, de taberna en taberna, para relatar sobre Troya y sobre Ulises, a cambio de un pago de derechos de autor de la época que consistía en tener garantizados un público encantadísimo con sus relatos, ciertos garrafones de vino, pan duro y queso de cabra.

Pero Fiodor Dostoievski, Honoré de Balzac, Ernest Hemingway, García Márquez y otros grandes también han gozado de éxito comercial sin dejar de ser auténticamente creativos.

Los escritores inentendibles, aburridos per se, oscuros por cuenta propia, suelen justificarse oponiendo creatividad a éxito de lectura y de mercado, pero esos argumentos suelen ser falsos en la mayoría de los casos. No tiene por qué haber divorcios entre las dos zonas, aunque haya escrituras banales, baratas y de superficies que atenten contra la originalidad y contra la creatividad, pero eso es otro asunto.

Cuando escribo alguna historia intento contar lo que no hayas leído, aunque el tema pueda parecerte familiar y eso lo resuelvo teniendo en cuenta aquella frase de Walter Benjamín que nos decía que no es el contenido ni la forma lo que importa sino la sustancia.

Por estos días explico estos asuntos auxiliándome en una imagen culinaria que vi en la televisión. Un cocinero explicaba que para conocer cuando un huevo no sirve debemos colocarlo dentro de un recipiente con agua, si el huevo queda en flotación es un huevo malo, pero si corre hacia el fondo es un huevo en buen estado. Lo mismo ocurre con los escritores y con las escrituras, las hay de superficie como el huevo malo y las hay profundas y con peso como el huevo en buen estado, algo que los lectores, la academia y los críticos, más tarde o más temprano, terminan colocando en su justo sitio, a pesar de los premios y de los camuflajes que pueda tener el huevo malo, perdón, el escritor de superficies.

Recientemente, la directora de una editorial latinoamericana comentaba que ella tenía la impresión de que a muchos escritores cubanos les faltaban lecturas y eso era perceptible en la literatura cubana contemporánea. ¿Qué opinión tienes al respecto?

Lamento decirte que pienso lo mismo que esa editora latinoamericana. Conozco a varios jóvenes con varios libros publicados y premiados que no saben escribir, que no tienen idea del ritmo, de la intriga, del conflicto, del buen empleo de los actantes, de cómo evitar cacofonías, ni del buen uso de las palabras, ni tienen lecturas profundas, ni conocen a los clásicos del cuento y de la lengua, pero andan por las calles con sus muchos libros publicados y protestan incluso si alguien osa cuestionarlos. Es penoso, pero así está ocurriendo entre nosotros, y me atrevería a afirmar que no solo ocurre en el caso de los jóvenes, existen menos jóvenes que padecen de la misma enfermedad.

Pero seamos justos, creo que este asunto es planetario más que nacional y se debe a las sacudidas humanas que han ocurrido en los últimos veinte años a todos los niveles, incluyendo el educativo. Ya la vida no es como antes, cambiaron los tiempos y la revolución tecnológica, informática y hasta biotecnológica ha transformado al humano en otro, en alguien distinto que no ha terminado de digerir dichos cambios y debe adaptarse a ciertas velocidades que aparecen sin avisar. Por tanto, la escritura y la manera de asimilarse sufren también.

Cuando leas "El pianista del cine mudo" vas a descubrir que fue escrito teniendo como referencias las maneras en que los escritores más jóvenes asumen la escritura del cuento actual. No encontrarás largas parrafadas en ese cuento, todo lo contrario, las oraciones serán cortas, las frases apenas se llevarán dos o tres renglones. Ah, solo complico las cosas en los entrecruzamientos de planos temporales, en la cantidad de personajes que aparecen, en los riesgos de escritura donde intento volverme original, teniendo en cuenta a Marcel Proust cuando dijo que “ser original es saber ponerse el sombrero del abuelo”.

Sí, coincido con la editora latinoamericana, pero que recuerde que el problema no es solo cubano sino planetario, porque los convulsos cambios ocurridos en las velocidades de la vida provocan, querámoslo o no, cambios en las maneras de leer y de contar historias.

¿Cuba tiene la particularidad de haber tenido líderes que fueron, en esencia, grandes promotores del libro y la lectura? ¿Cuánto contribuyó en ti, como ciudadano, el haberte formado con la imagen de líderes como Martí, el Che y Fidel? 

Cuba es un país interesante, porque ha contado siempre con líderes que leen y que incitan a la lectura e interpretación de la vida a cada ciudadano, como bien dices. Cuando yo era niño apenas tenía libros en casa, pero en la escuela primaria había biblioteca y con periodicidad nos llevaban en fila hacia la Biblioteca Municipal Enrique José Varona de Marianao. Me recuerdo ahora en aquella fila, con un par de maestras conduciendo el camino, mientras nosotros íbamos tomados de las manos hacia los libros. Imagino y sé que algo parecido ocurría en todos los rincones del país como resultado de la voluntad política de personas como Fidel Castro, Ernesto Ché Guevara y José Martí, el guía inspirador de los dos primeros.

Tener presente esos detalles de formación en un escritor de ficciones como yo me fortalecen porque me convierten en un escritor responsable, en alguien que contempla su pasado no desde el pedestal sino desde el agradecimiento por haber nacido y haber podido formarme como ciudadano en unas condiciones más favorables que las de mis padres y abuelos.

De todo ello se desprende que mi deber como escritor de ficciones y como ciudadano sea continuar aportando mi pequeño grano de arena para que esas condiciones de superación personal se mantengan, desarrollen y se adapten a los nuevos y necesarios cambios que nos traza el porvenir, pero que jamás se pierdan para la Patria y para cada una de las personas que la habitan. 
 
En Cuba se han obtenidos logros significativos en la promoción de la lectura, sin embargo, los tiempos actuales parecen pedir algo más. ¿A dónde crees que se deben dirigir los esfuerzos en cuanto a promoción de la lectura y la literatura en Cuba?

Nosotros estamos obligados a ofrecer dinámicas con velocidades acordes a los tiempos que corren en el mundo. Cada vez que puedo repito esta idea. Tengo un hijo de veintidós años, Diego Alberto Guerra Hernández, que junto a amigos de su edad mantienen un proyecto cultural llamado Resistencia, que logra reunir doscientos y hasta trescientos colegas en un santiamén, apoyados en los mensajes de móviles, Facebook y otras argucias inteligentes. ¿Dónde crees que presenté la reedición de mi novela La soledad del tiempo si no en el espacio de esos muchachos? No soy bobo a nada. Si convoco a una presentación de mi novela en la propia Unión de Escritores, de la cual soy Presidente de la Sección de Narrativa, apenas asisten veinte personas, pero hice la presentación con los muchachos de Resistencia ante cien o doscientos jóvenes que ya se leen mi novela.

Cada vez que puedo les pido un chance a esos muchachos para que en sus reuniones permitan que este viejo escritor lea sus cuentecitos ante esas maravillosas multitudes que encima te atienden y aplauden como si uno fuera un rockero o un trovador en un teatro repleto.

Estamos obligados a comprender que los jóvenes leen poemas y cuentos en tables y en móviles sin que se demerite la literatura por el uso de esos artefactos, porque en realidad ocurre todo lo contrario, ya no hay que esperar por la revista de papel ni por la publicación del libro con la imprenta, y los poemas y los cuentos transitan a mayor velocidad gracias a esos artefactos.

Necesitamos facilitar áreas, espacios culturales donde los usos de las tecnologías propicien desarrollos narrativos y poéticos, necesitamos realizar convocatorias de concursos por Internet, necesitamos interesar a los más jóvenes con los proyectos culturales que organizan las instituciones culturales, o lo que es lo mismo, estamos obligados a luchar contra el divorcio de las velocidades, lentas por nuestra parte y rapidísimas por la parte de ellos.

No concibo que en la propia Unión de Escritores aún no existan zonas de wifi, ni maneras de ejecutar facilidades de comunicación virtual que no sean algo más que una sala de navegación. Necesitamos emplear YouTube para promover con eficacia a los escritores cubanos, necesitamos filmar, grabar, transcribir los mejores eventos y enviarlos a todos los rincones donde interesen en el país y en el mundo, en fin, necesitamos a gritos cambiar la mentalidad analógica y sumarnos con buen paso a la virtual.

¿Qué es más importante para Alberto Guerra, ser escritor o ser feliz?

Si yo no fuera escritor, creo que sería el hombre más infeliz de la Tierra. Mi escritura es mi defensa propia y mi razón de existencia. Escribir ficciones es un arte que nunca sabremos el peso que tiene, así escribí en la nota de entrada de mi libro Blasfemia del escriba (Letras cubanas 2000 y 2002) y todavía lo considero, porque los escritores a través de sus ficciones resuelven explicar el mundo como no puede hacerlo el político, ni el científico, ni el cura. Un escritor de ficciones, nos dice el argentino Ernesto Sabato, es de los pocos que logra borrar las fronteras entre el mundo físico y el mundo mágico con solo un manojo de palabras. Cuando logro un buen cuento, aunque no obtenga premios literarios en concursos por ello, es señal de que borré fronteras entre ese mundo mágico y el mundo físico, entonces, sin que me quede nada por dentro, te confieso que soy el hombre más feliz de la Tierra.

 

Yohamna Depestre Corcho, 2018-09-21
Yohamna Depestre Corcho, 2018-09-21
Dai Liem Lafá Armenteros, 2018-09-21