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El Día de las Madres

Ciro Bianchi Ross, 12 de mayo de 2018

Si se le preguntara, cualquier cubano podría responder, tal vez en un alarde de memoria, que el introductor del Día de las Madres en Cuba fue el periodista Víctor Muñoz.

Desde los años veinte a esta parte libros escolares, sellos de correo y, desde luego, el turbión de la memoria colectiva, ratifican a Víctor Muñoz su condición de “creador”, mérito que, por otra parte, ese gran periodista cubano nunca se atribuyó. En efecto, en una crónica que dio a conocer en el periódico El Mundo, de La Habana, el 9 de mayo de 1920, Muñoz reconoció el “propósito de los hombres generosos, que reunidos en el pueblo de Santiago de las Vegas…, acordaron trabajar para que Cuba instituya este domingo cada año como Día de las Madres”, y concluyó que se sumaba a “los indicadores de esta noble idea”. Sin embargo, sería injusto y mezquino negar a Víctor Muñoz, introductor o no del Día de las Madres en nuestro país, un papel de importancia capital en dicha celebración. Vayamos por partes.

¿Quién fue Víctor Muñoz?

Los escritores, buenos y  malos, trabajan para la eternidad; los periodistas, malos y buenos, lo hacen para la inmediatez. En una ocasión, hace ya mucho tiempo, un importante poeta latinoamericano me dijo que pensaba recoger sus artículos, crónicas y reportajes en un libro que titularía El arte de envolver pescado, porque el periódico era eso, un objeto hoy buscado y leído con afán y que al día siguiente paraba en la pescadería o se dedicaba a fines menos nobles, aunque imperiosos. El autor de esta página abrió hace muchos años una carpeta para ir archivando en ella lo que se publicaba sobre periodistas, y un buen día descubrió con horror que el grueso de lo archivado eran necrologías.

Nadie recuerda ahora a Márquez Sterling, a Vasconcelos, a Massaguer, a Newton Stapé, a Gómez Wangüemert, a Kuchilán… periodistas que en su momento fueron seguidos por miles y miles de personas que buscaban noticia y orientación en sus palabras o imágenes. Nadie recuerda hoy a Víctor Muñoz, aquel cronista proteico e incansable, dueño de una vena humorística extraordinaria, que reseñaba los juegos de béisbol entre Cuba y los Estados Unidos como una competición en la que la naciente República justificaba su derecho a la vida y alentaba el triunfo cubano como una cuestión de soberanía nacional.

Porque con el seudónimo de Frangipane, Muñoz fue el creador de la crónica deportiva entre nosotros. La Semana, su columna en El Mundo Ilustrado, suplemento dominical de ese periódico, fue leidísima, tanto como Junto al Capitolio, otra columna suya en el mismo diario y que firmó con el seudónimo de Attaché. El Capitolio junto al cual escribía supuestamente Víctor Muñoz era el de Washington. Eso creían los lectores ante aquella página tan lúcida y espontánea que parecía escrita desde las orillas del Potomac. En realidad, el cronista, con la ayuda del cable y de las publicaciones norteamericanas que allegaba, escribía su sección en la propia redacción de El Mundo.

Allí, en atención a su gordura desmedida que lo hacía sudar a mares, el director había dispuesto para él una habitación privada, ubicada en la azotea, en la que Víctor Muñoz hacía su trabajo… en calzoncillos.

Las cosas como son

Fue precisamente en su columna Junto al Capitolio donde Víctor Muñoz dio a conocer, en 1919, que desde cinco años antes se había instituido en los Estados Unidos el segundo domingo de mayo como Día de las Madres. Decía el cronista en su página titulada “Mi clavel blanco”:

En 1914 varios estados norteamericanos hicieron del día fiesta local, y la Cámara de Representantes aprobó una resolución recomendando que fue observado el Día de las Madres por los miembros de los dos cuerpos colegisladores y el Presidente de la República. En tres o cuatro años más, la admirable solidaridad de estas gentes y la buena voluntad con que siempre acogen las ideas nuevas cuando son buenas, crean un espacio sobre la faz del mundo… en que se destina un día del año para honrar a las madres.

Comentaba el periodista que se trataba de una iniciativa de Anna Jarvis, que había creado, en Filadelfia, la Asociación Internacional del Día de las Madres, una entidad cuya existencia apenas fue notada al comienzo y que pronto se anotó éxitos parciales en su propósito, que “no tardará en ver triunfante su paciente y callada labor, porque ya en los Estados Unidos se ha generalizado bastante la costumbre, y los claveles rojos y blancos en las solapas de los hombres y sobre los corpiños de las mujeres, darán testimonio de su triunfo”.

A Muñoz le hubiera gustado ver instituido también en Cuba el segundo domingo de mayo como el de la fiesta de las madres, y aunque no se celebrara todavía, él llevaría en su solapa el clavel blanco porque ya su progenitora “solo subsiste en la vida intensa de los recuerdos”.

Mientras tanto

Dice el doctor Marat Simón en su La verdadera historia del Día de las Madres en Cuba, contada por el hijo de uno de sus iniciadores (1998), que el escepticismo de Muñoz “picó” en el ánimo del grupo de jóvenes intelectuales que bajo la égida de Teodoro Cabrera se reunía en el Centro de Instrucción y Recreo de Santiago de las Vegas, y allí, a instancias del maestro Francisco Montoto se comprometieron a trabajar unidos para que al año siguiente se celebrara por primera vez en Cuba esta fiesta.

Meses más tarde, en las elecciones del 1 de noviembre de 1920, Víctor Muñoz salió electo concejal del Ayuntamiento de La Habana y en esa Cámara el recién estrenado edil, propuso, el 21 de abril de 1921, que se instituyera en el municipio habanero la celebración del Día de las Madres. Pero ya la primera celebración había tenido lugar en Santiago de las Vegas. No fue hasta 1928 cuando la Cámara de Representes, a propuesta de Pastor del Río, aprobó, con carácter de ley, la celebración nacional de este Día.

Ya Víctor Muñoz había muerto, a los 45 años de edad, en 1922.

Sin embargo, recuerda Marat Simón en la obra aludida, los dibujos de Conrado W. Massaguer  y el texto de Historia de Cuba, de Vidal Morales, libro entonces obligatorio en la  enseñanza primara, lo consignaron como el “creador” de la celebración.

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