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Rainer María Rilke, 09 de mayo de 2018

Querida Nara Mansur:

El poemario Manualidades1,  que me has dedicado, ha llegado con el invierno, en el momento que no encontraba el modo de concluir el poema "Al ángel" que intereso sea una experiencia de estas visitaciones alrededor de la imagen que me ha secuestrado tantas noches. Por eso, te confieso que después de leer tu libro me he puesto a meditar y terminé escribiendo los versos finales al texto que te refiero:

El que yo hiciera ruido no sería en ti más perceptible,
Si tú no me sintieras porque soy.
¡Alumbra, alumbra! Hazme más contemplado
Entre las estrellas. Pues me desvanezco.

De eso se trata querida Nara, de alumbrar, de buscar ese hartazgo por las palabras mismas para que quede solo lo sensual, la tiranía del tiempo. En el poema que has titulado "Esa es la escena", la patria es como tu hija, a quien celas constantemente y cuidas por su futuro. Esa imagen de madre protectora nos delata una poesía muy feminista, como de vital arraigo:

Ay niña, regálame algo de tu mamá, de tu abuela, algo de lo que tienes ahí guardado.

Y qué pudieras tener guardado si no fueran estos sueños, estos  paisajes que nos acercan a tu día a día. Pero más que todo, querida Nara, hay una gracia en el decir, en contar ciertas historias donde se indaga y se estereotipa un ser inconforme, un drama que va marcando cada escena, visto desde cada poema:

¿De qué te habló, de qué te habla ahora?
¿Qué dice la ley? ¿Se entiende la ley?
¿La entienden los trabajadores?

Ese emplazamiento al lector, esa apuesta por, más que decir, replantear la idea, nos deleita; demuestra cómo manejas bien un discurso poético donde quieres también conocer del otro, de la frontera misma donde reside el que parece no estar. De allí que el poema "Hora de comer la papa" se configure con la palabra ´papá´ repetida en toda la página, algo que nos asfixia pero que se justifica por la pujanza de la figura paterna en el propio tiempo. En tal sentido, la repetición se convierte en un salmo, en una necesidad vital para aquietar la ausencia. Es precisamente ese poema el que marca un gran tiempo en el libro mismo. 

El poema "Una niña, sentadita en una cama, y cinco cadáveres" considero es un texto de indudable intensidad, que pudiera tener en sí las claves para entender ese universo melodramático que encierra tu obra. Aquí hay una especie de deconstrucción de la historia para mostrar otra, un acto de estereotipar una narración que, si bien nos conduce a una escena tal como marca el título del poema, se hace comprensible por la justeza del acto que compartes, que devuelve para explorar con cierta sensualidad las escenas que se suceden entre un padre y una hija.

Si bien en el poemario hay ciertas artesanías de la palabra, estimada Nara, hay manualidades que reconstruimos como recuerdos, en esos largos escenarios donde se van apagando las luces y uno va quedándose solo hasta que se cierra el telón. Así veo el rostro de quien te agradece tanto encender las luces y volver a la escena para que el público vuelva a aplaudir como si no pasara nada.

Tuyo,

Rainer María Rilke

1 Premio de poesía Nicolás Guillén 2011. Editorial Letras Cubanas 2011.

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