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Tania Pérez Arcos: la nostalgia es un hambre que nos pierde

Reyna Esperanza Cruz, 20 de mayo de 2018

Como la poesía es el lenguaje más personalizado porque sirve para exorcizar, para salvar la nave-cuerpo del naufragio, y recipiente flexible donde dejamos caer cuanto pesa en los bolsillos del alma sin temor a romperlo, sin miedo a desbordarlo, es este el modo de expresión que escoge Tania Pérez Arcos para adornar, exhibir y catalizar su mundo interior a los otros, —al otro, nos atrevemos a decir, a ese destinatario que ella cree uno—, y que por obra de la sencillez y naturalidad de su manera de decir se convierte en muchos.
 
Nacida en una pequeña localidad costera al norte de LasTunas, su escenario natural ha sido el mar, con la posibilidad que éste ofrece de armar un campo semántico tan infinito como sus aguas. De ahí que en sus textos sobrevuelen gaviotas, golpee el oleaje, anclen o naufraguen barcos, floten sargazos, suba o baje la marea, rompa el oleaje, sople la brisa, blanquee la espuma, se muestre inalcanzable el horizonte. Una atmósfera suave de nostalgia por lo ido: el tiempo, el amor, la inocencia, la juventud, recorre sus versos, y deja un halo de tristeza, una leve desesperanza, un enorme deseo de cobijar su soledad con una manta de amigable voz.

La aparente debilidad de poner al descubierto su fragilidad es la fuerza que encuentra para sobrevivir ante lo rudo o lo indiferente, para erguirse como una roca en la costa, golpeada por la ola que intenta derribarla. Y eso le permite transfigurarse en velero que apresta su estructura a cruzar el océano sin preguntar si en la travesía el viento soplará o no a su favor.

La lectura de estas páginas puede convertirse en el sano ejercicio de vernos como en un  espejo y descubrir que todos somos olas de un mismo mar, eternos perseguidores del mismo horizonte inalcanzable.

                                   REYNA ESPERANZA CRUZ

 


HORÓSCOPO

 

Haremos el amor, no sé en qué puerto:
ignoro el plenilunio, la tormenta.
No sé por qué naufragio ni qué velas,
en qué tiempo llorado y sin remedio.

Haremos el amor: callen los sueños
bajo un total eclipse de violetas,
tejidos con el alga en la marea,
anclados en la trampa del deseo.

Haremos el amor como el silencio,
como seres de tul, globos de fiesta,
como un caleidoscopio de cerezos,

con fuegos de artificio y panderetas.
Haremos el amor como estar muertos,
bebiendo el filtro de la vida eterna.

 


ALAS

 

No salgas de esta burbuja,
por favor, quédate ahora.
Afuera el mundo demora
un silencio que me estruja.
La soledad nos dibuja
sobre monedas tan malas.
Si te vas, y si apuntalas
una gaviota al paisaje
será mentira ese viaje,
porque yo tengo tus alas.

 


PESCADOR

 

Pasó tu barca gris de cualquier tarde.
Como una cruz me dejas la nostalgia,
y Dios no está en la red, no está en las garzas
que designan tu olor para insultarte.
Robas el corazón de la marea,
atas su roto pecho al desayuno,
como un niño pospones el futuro,
y el hambre te arrodilla en la pobreza.
También vuelvo callada de la espuma,
acudo desde el fondo más lejano,
con mi historia de perlas y sargazos
y el silencio que da tu piel desnuda.
Yo soy una gaviota de alas truncas
que persigue la estela de tu barco.

 


VELEROS

 

Pero qué aves jadean a mi espalda
cuando el viento no explica sus gaviotas,
si esta noche no llueve y nadie nombra
la voz que pide sed y entrega el agua.
Si al menos la costumbre de la muerte
pudiera hacer un alto, un armisticio,
al menos un segundo, donde el frío
nos quitase los ojos para siempre.
Si no importara el odio que nos dura
en la piel de domingos casi eternos,
cuando el mundo no explica el rostro ajeno,
ni sirven de los astros las preguntas.
Quien hace el horizonte hace la espuma
y sólo el mar entiende sus veleros.

 


HOJARASCA

 

Tuve hace tiempo un amante:
lo recuerdo cuando llueve,
y a veces, si un gesto mueve
la hojarasca de un instante.
Vuelve incoloro a su estante
como un fantasma, que asoma
su alma de frágil paloma
en el umbral de la puerta.
Es una flor que está muerta
y aún tiene el aire su aroma.

 


YESTERDAY

 

En tus ojos parezco el papalote
que en el aire no vuelve hasta tus manos.
En tus ojos titilan los lejanos
planetas de mi cuerpo.
 Un papalote
se va en la brisa sucia de la tarde
como adiós de papel, herida y nube,
como el pájaro blanco que sostuve
entre los hilos donde el mundo arde.
Aún me tiendo en tus ojos como era,
de bruces en la nada, limpia y verde,
desnudando mi olor de primavera.
La nostalgia es un hambre que nos pierde,
laberinto barato donde muerde
por fin, acorralada, la quimera.

 


DISCURSO A LA DERIVA

 

Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.
ANTONIO MACHADO

 

Yo crucé a nado el polvo y el castigo,
pude hallar en la noche mis palabras,
salvar mi corazón de la esperanza
de una tierra y un tiempo prometidos.
Soy yo quien puso fin al horizonte,
el próximo estandarte del invierno.
Cargo a solas el odio y el deseo,
la cruz donde inventaron a los hombres.
Yo soy en la resaca otro naufragio,
un pasaje de ida hasta septiembre.
Soy quien reza desnuda mientras llueve
y en mi piel sobreviven los pecados.
Pregunto si Dios sabe que en mis manos
domestico palomas que no vuelven.

Nunca quise este barco que partió.
Yo anclaba en puerto gris, tenía velas,
un bazar de gaviotas, la tristeza,
un hombre agonizando en el reloj.
Ahora en la frialdad rompo el oleaje,
y soy quien salva a bordo de la espuma
el pan que nos negaron, su escritura,
el sitio donde llegan los que parten.
Por eso no me escuchan cuando imploro
y escribo para siempre a la deriva
un epitafio de algas infinitas.
Los sueños en el mar no tienen rostro,
sólo tienen la sed: por eso escondo
que Dios le debe al mundo mi partida.

 


MONÓLOGO DEL INOCENTE

 

Nunca me sirvió de nada perder mi única rosa, desovillar en mis noches aquel hilo solitario que me aferraba a la luna. Jamás me sirvió el asombro, la confesión de mis huesos, ni siquiera regresar de la remota ceniza donde no sirve la muerte. Nunca prendieron mi luz. Soy el ángel que se pudre en la telaraña negra. Soy la maga, el arlequín, la que escupe los cristales donde bebe lo imposible. Nunca me sirvió el susurro de las piedras en mi piel, ni el resplandor de este cáliz en el silencio de Dios.

 


TANIA PÉREZ ARCOS (Cayo Juan Claro, Puerto Padre, Las Tunas, 1968). Poetisa y narradora.Miembro del Grupo Iberoamericano de Amigos de la Décima Espinel Cucalambé. Ha obtenidos varios premios provinciales y nacionales. Tiene publicado el poemario Eclipse de violetas (Editorial Sanlope, 2009). Es creadora y coordinadora de las Ediciones Veleros, de libros artesanales, que tiene su sede en la Casa de Cultura Enrique Peña, de Puerto Padre, donde se desempeña como metodóloga de investigaciones.
 

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