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Una casa legendaria

Virgilio López Lemus, 11 de diciembre de 2017

La casa de la calle Línea, original de la familia Loynaz Muñoz, es sin dudas un sitio legendario de El Vedado, y con ello, de la ciudad de La Habana. Allí crecieron los hermanos Dulce María, Enrique, Flor y Carlos, todos poetas, personalidades peculiares incorporadas a la historia cultural de Cuba.

La presente exposición fotográfica El silencio me cubre lentamente, del arquitecto Enrique Alonso Orozco (1966), viene a mostrar, con el arte de la imagen, ese sitio que fue sede inspirativa de la extraodrinaria novela Jardín, precisamente para conmemorar el 115 aniversario del nacimiento de su autora, Dulce María Loynaz, Premio Nacional de Literatura de 1987 y Premio Cervantes de 1992, reconocida como una de las personalidades cimeras de las letras cubanas.

La casa no ha podido ser rescatada de sus ruinas actuales, ruinas en creciente, pese a que allí viven todavía algunas personas. Por esa hermosa residencia pasaron intelectuales de muy variada talla, como el universal Federico García Lorca y el gran novelista Alejo Carpentier. Ahora podemos admirar mediante el arte fotográfico la belleza que se mantiene en ella como decidida a no perecer. Alonso Orozco toma detalles, muestra grietas, ofrece una visión llamémosle panorámica de un hábitat de valor patrimonial que aún no ha sido rescatado. Diez fotos nos muestran no solo la visión actual sino también el paso del tiempo, la vejez de una mansión que fuese emporio familiar. Pareciera que Alonso Orozco nos hace ver que no se trata de una casa más, sino de un sitio privilegiado por haber vivido en ella un General del Ejército Mambí, padre de la familia, cuyos hijos, criados la mayor parte de su vida en ese hogar, dejaron huella en su patria.

Las fotos están realizadas con cuidadoso enfoque, puesto que no se trata solo de lograr una pieza fotográfica de exposición, sino de hallar sentido espiritual a lo captado, a la imagen que enuncia en su presente un ayer magnífico. Balaustradas, rejas, muros, ventanas, quieren formar una especie de diez instantes poéticos a través de la visualización del conjunto. Cada foto posee un título tomado de versos o fragmentos de textos de obras de Dulce María Loynaz, quien no solo amó esa casa, sino también el sitio donde se halla, todo El Vedado, barrio que ella vio crecer desde su infancia.

Ya sabemos que la belleza puede esconderse en las ruinas, o hasta dejarse ver a través de ellas, pero estas fotos de arte evocan un deseo no sublimado de volver a ver florecer una morada que merece vivir junto a las nuevas generaciones de cubanos.


Homenaje por el 115 aniversario del natalicio de Dulce María Loynaz. Palabras de apertura. Diciembre 2017.
 

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