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Cubaliteraria y yo

Alberto Garrandés, 10 de noviembre de 2017

Tenía mis dudas, pero al parecer soy el colaborador más antiguo de Cubaliteraria. Por un lado, el hecho me sorprende, pero por el otro termino rindiéndome ante ciertas evidencias.

La oportunidad de publicar casi de inmediato, y por largos años ya, textos ensayísticos sobre narrativa cubana, cine, literatura en general, trabajos introductorios de diversa índole y conferencias sobre mis propios libros, se constituyó en una suerte de costumbre. Sin embargo, yo diría que es una costumbre donde se articulan la disciplina (a pesar de los vaivenes de la existencia) y el goce de expandir mis horizontes como escritor.

Cubaliteraria me ha dado la posibilidad de enrumbar ciertas “misceláneas” y organizarlas en forma de libros. En rigor, de mi trabajo allí han salido ya dos: Presunciones —que incorpora el título de mi ya vieja columna— y El concierto de las fábulas. El denominador común es este: los temas, los personajes, las tendencias y los dilemas de escritura de la narrativa cubana del siglo veinte. Y no está nada mal como saldo primario. El primero es un volumen grueso que los estudiantes de literatura cubana suelen consultar. Con el segundo gané el Premio Alejo Carpentier de ensayo en 2008.

La idea de publicar con regularidad lo mantiene a uno en estado de ignición. Con las manos calientes. Y Cubaliteraria es como el sitio intermedio (muchas veces se transforma en el sitio final) de mis escrituras. Mis compromisos no siempre me permiten enriquecer mi columna todo lo que quisiera, pero en tiempos de mayor entusiasmo un click sobre “Presunciones” decía (y tal vez diga aún) mucho sobre mí. No soy vanidoso, pero comprendo que un escritor termina siendo propagado, en su imagen y su labor, por quienes vigilan y esperan. Se trata de una dimensión diferente del contacto con los lectores.

Estar en Cubaliteraria ha sido y es un privilegio: hay personas que lo leen a uno y lo aguardan. Y personas que recopilan lo que uno va dejando allí, entre la transitoriedad y la urgencia. Saber eso y comprobarlo es una experiencia hermosa, desasida de la alharaca mediática y enclavada, sin embargo, en el que ya es el espacio por excelencia de la comunión y la comunicación entre escritores, lectores, libros y escrituras: internet.

Sigo apostando por los libros en papel, que levantan la dignidad del objeto mágico del libro a pesar de las tecnologías y los siglos. Y, aun así, apuesto con mi otro yo por la pantalla iluminada y las tipografías digitales. De Garamond a Calibri Light. Leo y publico libros físicos (el peso magnánimo de la cartulina, las tintas y el papel), pero también leo en mi tablet (ese hábito se hace cada vez más fuerte) y publico en Cubaliteraria.

Hacerlo es ya, desde hace tiempo, como frecuentar un sitio que me identifica.

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Jorge Luis Rodríguez Reyes, 2017-10-18
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