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En el bicentenario de Ramón Zambrana

Leonardo Depestre Catony, 11 de julio de 2017

Las fechas son como el instante captado por el lente fotográfico: irrepetibles. Por algo afirma el refrán que no es posible bañarse dos veces en el mismo río. De ahí que la ocasión de un bicentenario sea única y no deba pasarse por alto; me refiero, en este caso, a la del habanero Ramón Zambrana.

Se trató don Ramón de una personalidad en la que confluyeron el hombre de ciencias y el de letras. Aunque hay algo más: fue un interesado en la cultura, en todo cuanto sucedía en la sociedad de su tiempo y aunque escribió poesía y pergeñó páginas de todo tipo, fue en verdad más que un escritor, un intelectual.
 
De su producción poética reproducimos un soneto muy poco conocido, que leyó el 26 de diciembre de 1862 con motivo de la inauguración de una estatua de Cristóbal Colón en la ciudad de Cárdenas. Dejamos al lector sacar sus propias conclusiones:

Al fin el triunfo de los cubanos lares
en bruñido metal se ostenta escrito.
De aquel que por seguir grandioso rito
pecho de bronce opuso a los azares. 

Que mucho que entre ceibas y palmares
fije la planta en base de granito,
si él formó huella de esperanza al grito,
sobre la inmensa curva de los mares.

¡Honor y prez a Cárdenas la hermosa,
que su fama remonta al firmamento!
¡Homenaje a Colón por tanta gloria!

Y plegue a Dios por Cuba victoriosa
tome con el precioso monumento,
la página más brillante de su historia.

Zambrana también incursionó en la crítica literaria, en el estudio de los poetas que lo antecedieron y algunos de su tiempo, acerca de cuyos méritos emitió juicios comparativos. El erudito dominicano cubano Max Henríquez Ureña apunta que:

Zambrana hizo un esfuerzo laudable al querer ordenar y clasificar las primeras etapas de la poesía en Cuba; pero hombre de ciencia más que literato y poeta, se perdió en el laberinto de esas comparaciones ditirámbicas, sin llegar a señalar ninguna característica esencial de los poetas que pretendía enjuiciar.

Fueron los Zambrana una familia linajuda en la sociedad de su tiempo y él, don Ramón, uno de sus troncos junto a un hermano mayor, Antonio, quien llegó a ser uno de los más destacados jurisconsultos cubanos del siglo XIX y rector de la Real y Literaria Universidad de La Habana.

Las lecturas literarias complementaron la formación cultural en un perfil que, en él, satisfacía una vocación y gusto arraigados. Ramón Zambrana aparece como uno de los colaboradores que firman textos en numerosas publicaciones, sea como redactor o como fundador: Repertorio Médico Habanero, Repertorio Económico de Medicina, Farmacia y Ciencias Naturales, La Gaceta Médica de La Habana, todas relacionadas con el perfil científico, pero además en otras de variado ámbito y divulgación: El Almendares, Flores del Siglo, Aguinaldo Habanero, Guirnalda Cubana, El Rocío, La Piragua, La Floresta Cubana, Semanario Cubano, Cuba Literaria, sin agotar una relación reveladora de su quehacer en la sociedad.

Ramón Zambrana contrajo matrimonio con Luisa Pérez Montes de Oca, en adelante más conocida como Luisa Pérez de Zambrana, gran lírica del siglo XIX cubano. Se casan en 1858 y tienen cinco hijos, todos los cuales mueren entre 1886 y 1898, aunque para entonces don Ramón hacía mucho que había muerto.

Graduado primero de licenciado en Medicina y después de doctor en Medicina y Cirugía en la Universidad de La habana en 1846, alcanzó notable prestigio y realizó una labor docente importante. Publicó Trabajos académicos, en 1865; La bóveda celeste, libro tercero de lectura para las escuelas primarias, elementales y superiores, en 1866; Súplicas y alabanzas a la Virgen María, bajo su dulce título de divina pastora de las almas, también en 1866 y compiló antologías de poemas: La flor de mayo y Cuatro laúdes, en coautoría con otros escritores.

La tuberculosis acabó con la vida de Ramón Zambrana a los 48 años, el 18 de marzo de 1866. Había nacido el 9 de julio de 1817. Hace pues 200 años, una fecha para recordar…

Editado por: Nora Lelyen Fernández

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