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El nuevo mundo de Alicia Barberis

Alina Iglesias Regueyra, 06 de julio de 2017

A todos los que alguna vez se vieron obligados a dejar su tierra. A los que regresaron, y a los que nunca pudieron volver.

 

Con esta emotiva dedicatoria se inicia el libro titulado El nuevo mundo, que viera la luz en el año 2015 en Cuba, como parte de la Colección Veintiuno de Gente Nueva, siempre bajo la tutela de su creador Enrique Pérez Díaz, y con el perfil creado para esta selección por María Elena Cicard Quintana, consistente en figura compleja sobre fondo simple y neutro. La edición y la corrección de estilo son labores delicadas de Odette González Villaescusa, el diseño y la composición pertenecen a Yaimel López Zaldívar y la cubierta  y las ilustraciones interiores salen de las manos de Maikel Martínez Pupo, quien exhibe sus excelentes dotes artísticas de dibujante en sus trazos y claroscuros, y escoge las formas y los ángulos más promisorios para transmitir los mensajes figurativos en sintonía total con los verbales.

La autora del texto es Alicia Barberis. Nacida en Argentina, es por hoy una escritora y narradora oral de gran experiencia. Sus cuentos se centran en sucesos específicos de la vida de menores que sufren maltratos diversos u otros tipos de contratiempos y riesgos. Entre sus más de veinte títulos mencionaremos: Cruzar la noche (1996), ¡Van a eliminar todos los perros! (2001), Mi hermano Jaci (2004), El científico (2006), La casa del crimen y La casa M, (2009); La casa del viento (2010), La cueva de las brujas y Cuando el diablo anda suelto, (2011); La vaca Margarita (2012), Los túneles secretos (2012), Diario de un fantasma y El infierno de los vivos, ambos de 2013, entre otros. El prólogo que escribe Enrique Pérez Díaz para la obra, titulado “Hacer nuevo el mundo”, nos entrega más referencias de la creadora, señalándola como conferencista en diversos países.

Dividido en diecinueve capítulos, El nuevo mundo narra los sucesos acontecidos en torno a una niña argentina llamada María del Mar, aunque le dicen Mara, cuyo padre se ha ido a España a buscar nuevos caminos para la familia. Su abuela está internada en un Hogar de Ancianos, donde la visitan a menudo. Pero deben tomar una decisión, pues el padre ha enviado dos boletos de avión y las espera en el aeropuerto de Barcelona. De repente lo que parecía seguro se torna incierto: al llegar al lugar indicado nadie las espera. A partir de entonces se desencadena una enorme cantidad de peripecias donde intervendrán multitud de personajes de diverso actuar, quienes les brindarán ayuda o perjuicio, tejiendo una trama de incansable devenir tensional. Muy especial será la presencia de Marvin, llamado El Duende Verde, quien las introducirá en un universo de artesanos y ferias tradicionales que las acoge para permitirles sobrevivir.

La narración realista y de tono conversacional en todo momento, empleando recursos apelativos del lenguaje como sabores, olores y sonidos; el manejo del suspenso al final de cada capítulo; la caracterización precisa de cualquier personaje, desde los protagónicos hasta los referenciales; la descripción vívida de lugares, tradiciones y costumbres, y la fluidez de la dramaturgia, provocan la lectura ininterrumpida de la obra, cual si se tratara de una creación cinematográfica. En especial, el capítulo titulado “El exilio”, muestra una sensibilidad desgarradora en la definición que logra la niña a raíz de la muerte de la abuelita, sola y alejada de su tierra y su familia, lo cual marca el clímax y a la vez logra una identificación psicológica con cierto público lector.

Allá todo era diferente. Las casas eran bajas y descascaradas. Los trenes tenían los asientos rotos. Las calles estaban poco iluminadas y tenían muchos baches. Siempre había algo que no funcionaba. O se cortaba la luz, o no andaba el teléfono, o no teníamos dinero.

Sin embargo, todo era tan hermoso y tan nuestro. Hasta los olores y los ruidos. Y yo extrañaba tanto que se me hacía un pozo en el centro del pecho, y me venían unos deseos terribles de llorar a gritos.

Por papá, por la abuelita, por nuestra casa que estaba vacía, por mi coneja Mecha, por los amigos que ya no veía. Por los abrazos que no nos dábamos.

Eso debía ser el exilio. (p.58)   

Típica situación esta, donde se experimenta la lejanía con sufrimiento, se trata de buscar un lugar y de comprender a otras personas en la misma situación, no importa el espacio o el tiempo. Tal sucede con el paralelo logrado entre las vivencias de la nieta y la abuela: una española llegada a América muy joven, quien siempre soñó con volver a su tierra. Guardaba un poco en una bolsita que entrega a la niña, quien, como en un ritual circular, devolverá el obsequio al mismo terreno de donde fue extraída.

La resolución se centra en el rencuentro con el padre y el posterior retorno al origen de los tres, que paradójicamente se transforma en un alivio para la pequeña, a pesar de que los adultos no hayan podido triunfar económicamente. El manejo del punto de vista infantil es evidente: se comparan sentimientos con percepciones propias de la niñez, como un helado derretido, ayudas con magias, colores con alegrías.

Interesante y profunda lectura esta que propone Alicia Barberis en El nuevo mundo, donde la emigración es tema central, de relevancia vigente al constituir un asunto doloroso para muchos infantes y sus familias, afectados por este proceso en demasiados lugares del Planeta.

Editado por Yaremis Pérez Dueñas