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Finales abiertos, falsos prólogos y otras abdicaciones de Frabetti

Alina Iglesias Regueyra, 22 de mayo de 2017

Conocido por hacer potables mediante la literatura infanto-juvenil que cultiva temas abstractos de toda clase (filosofía, matemáticas, física, lógica, historia, política), Carlo Frabetti ha vuelto a las andadas con su título Abdicación, publicado en el año 2015 como parte de la Colección Veintiuno de Gente Nueva, al cuidado de Enrique Pérez Díaz, una obra inmensa y colectiva que este año celebra su décimo aniversario.

Con perfil gráfico de María Elena Cicard Quintana, centrado en la figura abstracta sobre el fondo simple y neutro, con la etiqueta de la colección al extremo inferior derecho, edición y corrección de Suntyan Irigoyen Sánchez, diseño y composición de Yalier Pérez Marín y cubierta e ilustraciones de preciosista dibujo de Mónica García Ortega, esta noveleta para adolescentes y jóvenes cuenta con los recovecos y ardides a los que Frabetti usualmente acude para mantener en jaque al lector y atraparlo desde la página inicial.

Sin embargo, a la primera lectura, el tema superficial referido a la disfuncionalidad familiar se torna novedoso al ser enfrentado explícitamente a través del esquema dramatúrgico del teórico Vladimir Propp, y de esta manera el autor logra una suerte de verfremdungbrechtiano, un extrañamiento entre lo que se cuenta: el argumento como tal, y la manera de hacerlo, manifestada mediante su nombramiento textual en cada etapa transcurrida, acto que define cada capítulo. De hecho son 31 los titulados consecuentemente con los postulados de Propp, y en ellos los personajes cumplen la estructura dramatúrgica propuesta por el científico de las letras.

Semejante atrevimiento frabettiano pudiera parecer que lleva a desembocar en el tedio con una obra semejante para los más jóvenes, pero no es lo que sucede. Solo en el capítulo 32, último de la novela, el autor devela sus objetivos y la partición intencional de la obra -luego de haberla disfrutado y de confiar en el final proyectado como consecuencia de los avatares y tejidos de la trama- y propone su aplicación a la vida del lector, de la misma manera que lo hace con el protagonista, un joven de nombre Lucas. Un reto casi interactivo.

En las páginas leídas quedan pinceladas temáticas sorprendentes que aderezan el argumento principal y lo nutren de enfoques disímiles: el nudismo como concepto físico y espiritual, el misterio del enamoramiento y el amor en cada período de la vida, la realidad o ficción de la magia, la necesidad o no de la fantasía para vivir, la disquisición entre la causalidad y la casualidad, la relatividad del espacio y del tiempo, el difícil discernimiento entre la esencia y la apariencia, las borrosas fronteras de los roles de la familia y los amigos en distintos momentos vitales.

Para finalizar esta irreverente obra, el autor coloca al final de los capítulos numerados… ¡el prólogo! En efecto, si intentamos una segunda lectura de la obra iniciándola por esta última parte, funciona lo mismo que si realizamos una lectura lineal, asunto este que puede constituir una premisa para los jóvenes lectores a la hora de enfrentar juegos literarios más profundos y propios de la adultez como Rayuela, de Julio Cortázar.

Diálogos activos y precisos, descripciones certeras, narración fluida de contundente fuerza, y la provocación y el manejo seguro de cada punto de giro, son recursos que agradecemos y disfrutamos. El lenguaje está dosificado como si fuese una ecuación matemática; el diseño de cada personaje, frase, hecho, escena o secuencia de actos está respaldado por una lógica difícil de cuestionar o rebatir.

Desde el mismo título hasta el capítulo 32 -o hasta el prólogo final, ¿por qué no?- Frabetti subvierte el significado de nociones prestablecidas, al punto de constituir la obra misma un desafío a pesar del supuesto concepto de rendición, renuncia, dimisión o cesión implícito en su título. Una vez más Frabetti invita a la asertividad y a la capacidad humana de decisión y autovaloración, a poner el mundo al revés y comenzar de nuevo, a no conformarse con lo que vemos, escuchamos o vivimos a diario.

Escapar de la monotonía existencial, hacer de una dejación una victoria y un punto de partida totalmente creativos, sin temor al criterio ajeno o a valoraciones reconocidas como válidas hasta el presente, son caminos que nos abre el escritor con su Abdicación, un juego de palabras igualmente personal y autoral, al ofrecer (abdicar de) su propio rol de creador al público, estimulándolo a interpretar libremente su ofrecimiento literario, como bien propone al inicioa través de una frase de Calderón de la Barca: “Corona tu victoria venciéndote a ti mismo”.

 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas