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Yoe Suárez: escribir es uno de mis grandes amores
 

Jesús Dueñas Becerra, 18 de abril de 2017

Dialogar con el laureado escritor, periodista y realizador audiovisual, Yoe Suárez (La Habana, 1990), Premio Nacional de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena (2013 y 2017) deviene un placer inefable para un veterano profesional de la prensa.
 

Mi interlocutor, graduado de licenciatura en Periodismo por la Universidad de La Habana, ha publicado los libros de no ficción Pasajes de la Luz (2012); Tú no te llamas desierto (2015); Los hijos del diluvio (2016) y La otra isla (2016), así como el ensayo Lord Cuba (2016).
 

El también miembro activo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), ha dirigido varios documentales: Ni piedras ni cuchillos (mejor película realizada por universitarios en Cuba en 2014); Normadentro, Premio Memoria Joven de Documental en la XI Muestra Joven ICAIC; y El retorno y el fin.
 

Fue finalista de la Beca Michael Jacobs que otorga la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. Obtuvo Mención única en el Premio Casa de las Américas 2017 con un libro sobre el escritor Humberto Arenal y la política cultural de la Revolución Cubana en su primer cuarto de siglo.
 

Prepara la primera antología de Periodismo narrativo cubano: Espectros, que dará a la estampa la editorial hispana Lantia Publishing Group, con prefacio de Alberto Salcedo Ramos, y que recoge, en sus casi 600 páginas, textos de 20 periodistas jóvenes en su mayoría:  Mónica Baró, Rafael Grillo, Lianet Fleites, Yuris Nórido y Jorge Carrasco son algunos de los profesionales insulares de la prensa incluidos en dicha antología, cuyo principal artífice ha calificado como de «confluencia creativa», aunque no niega —nada más lejos de la realidad ni de su verdadera intención— el elevado componente generacional que la mediatiza.
 

Ha publicado artículos, crónicas y reportajes en varios medios de prensa nacionales y foráneos: El Caimán Barbudo, Vice, El Estornudo, y La Segunda, del diario chileno El Mercurio, para el que cubrió la visita del (ex)presidente Barack Obama a Cuba.
 

¿Cuáles fueron los factores motivacionales que inclinaron su vocación hacia la literatura y el periodismo?

Su pregunta evoca en mi archivo mnémico una anécdota que tenía casi olvidada en el «baúl de los recuerdos»: al leer La Familia Mumín —esa joya de la literatura escandinava— me despertó curiosidad por saber qué historia contaba cada montón de hojas prensadas que me encontraba.
 

Llegado el tiempo de elegir, opté por el Periodismo. La carrera nos entrenaba en técnicas de escritura, y una vez graduado, percibiría un salario por ejercer lo que, en realidad, me interesaba. Enhorabuena. Luego me daría cuenta de que en este mundo nada es perfecto, especialmente las condiciones para ejercer la clase de periodismo que, aquí y ahora, les interesa a muchos jóvenes. De ahí que me desviara un poco de lo que fuera el eje central de mi vocación profesional, y consecuentemente, focalizara mi atención e interés hacia la literatura y la realización audiovisual, disciplinas en las que he obtenido importantes reconocimientos. 
 
El laureado escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, sostenía la veracidad del aforismo «el periodismo es literatura con prisa». Me agradaría conocer su opinión al respecto.

Declino involucrarme en el debate bizantino de los límites entre Periodismo y Literatura. Apenas diré que si otras manifestaciones de la creación tienen poco claras sus propósitos, los del Periodismo se han mantenido inamovibles desde hace siglos: informar, convocar a la ciudadanía, generar o direccionar estados de opinión, entre otros tantos, marcan ese anclaje a la realidad que el reportero no puede soslayar u olvidar
 

No obstante, la asimilación de esas técnicas literarias que el llamado Nuevo Periodismo Norteamericano popularizó, pero que ya José Martí, fundador del periódico Patria, empleaba décadas antes —por ejemplo— llevan los textos periodísticos a otro nivel mucho más atractivo para el lector.
 

Es más importante tratar a los humanos como humanos antes que como fuentes. O a las experiencias de vida o diversas visiones sobre un tópico como historias y no solo como estadísticas. No basta con agregar declaraciones, asimismo es importante indagar en la psiquis y en el alma de las personas-personajes para lograr una verdadera empatía o repulsión por parte del público.
 

Al final, el Periodismo, la no-ficción por regla general, tiene una capacidad natural para cuestionar el mundo de un modo más directo que cualquier otra rama de las letras. La realidad que habla, recuerda, advierte, maldice, se asusta de la realidad.    
 

De los géneros literarios y periodísticos en los que ha incursionado, no obstante su lozana juventud, ¿cuál de ellos prefiere y por qué?

La no ficción en sentido general; la biografía, la crónica, el testimonio, la entrevista y otros especímenes de la misma familia.
 

Aún no he dejado de creer —quizá porque lo he visto— que en verdad la cualidad reporteril mueve a la gente, a algunas porque les molesta lo que uno cuenta, a otras porque les sirve como norte.
 

De ese caso, te pongo un ejemplo relativamente reciente: mientras cubría para la web El Toque la trayectoria del Huracán Matthew por el Oriente cubano, algunos de esos textos generaron redes de solidaridad para con los damnificados. A veces, las personas quieren ayudar, y el periodismo puede guiarles sobre las vías y las necesidades experimentadas por el otro. 
 
De las anécdotas, vivencias y experiencias acumuladas durante el ejercicio literario y periodístico, ¿Cuál ha dejado una huella indeleble en su memoria?

Los viajes por Cuba de mochilero junto a mis amigos. Esas historias forman el núcleo del libro de crónicas La otra isla. Fui feliz. Ahora lo soy de otro modo. Aquella fue tal vez la despedida de un montón de cosas, entre ellas las últimas ingenuidades. Y escrituralmente fue un reto, porque quería mostrar otro país que no estaba en los titulares ni en los catálogos turísticos.
 

De acuerdo con su apreciación, ¿cómo valora el estado actual de salud del periodismo en la mayor isla de las Antillas, donde cada vez va siendo mayor la presencia de jóvenes colegas como usted?

Hay un grupo de jóvenes que están haciendo el mejor periodismo en la Cuba de hoy […]. Voy a seguir el consejo de Benjamín Franklin, que sugería hablar solo lo bueno de la gente; en este caso de las instituciones: el Caimán Barbudo es una excepción positiva en el ámbito de la negociación editorial con los autores.
 

Me preguntabas por los más jóvenes, y diría que esta generación se halla signada por una vocación mayor hacia el Periodismo narrativo que las precedentes, tal vez porque Internet nos ha librado de la «camisa de fuerza» que antes era infranqueable, y nos ha permitido crear esos ciberpalenques que fueron los blogs por parte de mis amistades y hoy son medios como El Estornudo. Por ello, proliferan textos de más de dos mil palabras y temas o enfoques distintos a los habitualmente expuestos en otras publicaciones periódicas.
 

Esta es la generación Espectro, porque ha hecho suyo el Periodismo narrativo, una asunción que aparece y desaparece en el panorama mediático cubano. Esta nació luego de sus dos predecesoras, en los 60 con Lunes de Revolución, y las revistas Cuba y El Caimán Barbudo al frente, y en los 80, con los dominicales especiales del diario Juventud Rebelde.
 

El grupo de jóvenes del que hablo narra, por lo general, el país en la medianía, en busca de un equilibrio de visiones, hastiado de los extremos que han hecho de Cuba una central de alarmas en las últimas décadas. De modo que representa una nueva manera de ver la realidad que la circunda, acaso desprejuiciada, o con prejuicios distintos a los sustentados aquí y en la diáspora.
 

Desde la Isla de la Música, Alberto Salcedo Ramos destacaba los valores de los autores de ese grupo y hablaba de ellos como de un fenómeno muy singular, y emplea un lenguaje metafórico para identificarlos como poseedores de una singular gracia Caribe […].
 

Nada, las cosas van bien: aplausos y golpes de los lados correctos. Mientras tanto, hacemos lo que hay que hacer.
 

Le cedo, con mucho gusto, la página en blanco para que refleje en ella lo que, según su apreciación, no debe dejar de aparecer en el contexto de esta entrevista, que amablemente me ha concedido.

Solo agradecer su proverbial gentileza y expresarle que «escribir es uno de mis grandes amores»