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Trenco, de Roberto Estrada Burgeois

Alina Iglesias Regueyra, 03 de abril de 2017

Dentro de la Colección Radar de la editorial Letras Cubanas apareció a mitad de los años ochenta del siglo pasado un libro de ciencia ficción muy singular desde su propio título: Trenco, original de Roberto Estrada Burgeois.

Su autor, quien entró de esta manera a la literatura por la puerta ancha en este género tan peculiar, nunca había publicado con anterioridad y causó gran impacto con su manera de describir tanto espacios extraños como caracteres de personajes femeninos y masculinos, terrestres y de otros mundos, con palabras que nos llevaban directamente a la imagen que deseaba transmitir. Igualmente, la fuerza de su dramaturgia, la crudeza en la solución de los conflictos, el empleo de las elipsis necesarias, la verosímil consecución que logra al juntar causas y efectos, el hiperrealismo que logra en sus más mínimos detalles y hasta esas frases hechas que gusta de emplear, son otros encantos que le confieren a su prosa un sabor especial y lo distinguen entre otros autores que cultivan el género. Por esta razón sigue siendo aún en el siglo XXI uno de los escritores preferidos de quienes tenemos en la ciencia ficción un motivo para leer y soñar.

Pues en este siglo vuelve a ser publicada su obra, esta vez por la editorial Gente Nueva dentro de su Colección Ámbar, que lleva con acierto la editora Gretel Ávila Echevarría. La edición del 2011 cuenta con un nuevo diseño de cubierta a cargo de Nydia Fernández Pérez a partir de la ilustración de Roldán Lauzán Eiras, y algunas actualizaciones en el texto, como la presencia del mensaje de correo electrónico como tal, que no existía en 1986.

El argumento nos ubica en un futuro donde los humanos conviven con otras civilizaciones del espacio exterior, y específicamente en un ambiente de ciencia e investigación, pues son biólogos especializados en distintas ramas quienes planean ir a la caza de un widgito, animal habitante de Trenco, un planeta donde la especie más evolucionada es este tipo de insecto telépata de gran tamaño, que emplea su don solo como instrumento de caza para hipnotizar a su víctima y sorberle sus líquidos vitales, dejándola cual un cascarón vacío. Los humanos, en cambio, aspiran a investigar el insectoide con fines de desarrollo de su propia raza en la comunicación del pensamiento. Por ello, el reto será atrapar un widgito vivo.

La empresa resulta una aventura desproporcionada para sus escuetos planes, pues además de enfrentarlos a horrores tremebundos y pérdidas muy dolorosas, les permitirá entrar en contacto con varias culturas humanoides, una de ellas autóctona de Trenco. La otra, en un estadío mucho más avanzado de evolución, persigue objetivos expansivos pero contemporizadores, y su esencia antiviolenta y permeada de espiritualidad, enfrentará a los terrestres al significado mismo del sacrificio por los demás como sentido y misión de la vida. Al respecto, esta línea temática podría considerarse un homenaje a la religiosidad auténtica de las personas que practican una fe sin dobleces, al mostrar el aspecto del ser salvador bajo la imagen de un humano alado, cual arcángel bíblico.

El final abierto nos permite intuir que puede existir una segunda parte para este grupo de sabios comprometidos con la memoria de Omook, tal es el nombre del héroe real de la historia, aunque sean valorados como tales quienes perdieran sus vidas en la cacería, tan inútil de facto como probatoria de valores universales.

Invitamos desde estas páginas a acompañar en un emocionante viaje de ida y vuelta a Bartok, Sigrid, Hendrix, Weena, Vernadsky, Jocelyn y Taskaldew, en pos de la aventura en un lejano mundo lleno de peligros y expectativas: Trenco.

Nacido en 1950, Roberto Estrada Burgeois ha publicado también por Gente Nueva en la Colección Ámbar su novela La puerta del mar cuántico, que ya comentamos, y su premio La Edad de Oro del año 2005 titulado Bosque, otra joya para deleite de los jóvenes amantes de la ciencia ficción.

 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas