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Cantos y vida para Rubén Darío
 

Idania Rodríguez Echevarría, 18 de enero de 2017

Tanto en su país natal, Nicaragua, como en Cuba y el resto del mundo se recuerda este 18 de enero el aniversario 150 del nacimiento del poeta Rubén Darío (Matagalpa, 18 de enero de 1867-León, 6 de febrero de 1916),  conocido también como el Príncipe de las letras castellanas.

Darío, además bautizado como el padre del modernismo, fue posiblemente, el intelectual que tuvo una mayor y más duradera influencia en esa modalidad literaria en el siglo XX, en el ámbito hispánico.

Con solo 13 años, el intelectual nicaragüense empezó a escribir sus primeros versos y se conservan varios sonetos de su puño y letra. Uno de ellos es la elegía, Una lágrima, que apareció en el diario El Termómetro, de la ciudad de Rivas, el 26 de julio de 1880.

Como antecedente de su amor por la prosa se reconoce que el escritor centroamericano bebió de la fuente de sus primeros libros, El Quijote, Moratín, Las mil y una noches, Los Oficios de Cicerón, y la Corina (Corinne) de Madame de Staël.

Aunque su trayectoria como intelectual fue vasta, otro libro que lo encumbró fue Los raros, publicado en 1896 y en el cual recoge 19 semblanzas y solo una correspondió a un autor de lengua española; no era otro que José Martí, a quien llamó Maestro.

De hecho, sobre la poesía de nuestro Héroe Nacional, escribió Darío en 1913: «Y yo admiro —recordando al varón puro y al dulce amigo— aquel cerebro cósmico, aquella vasta alma, aquel concentrado y humano universo, que lo tuvo todo: la acción y el ensueño, el ideal y la vida, y una épica muerte, y, en su América, una segura inmortalidad».Los restantes autores incluidos en el libro, fueron uno de lengua inglesa (el norteamericano Edgar Allan Poe), otro medieval que escribía en italiano primitivo (Fra Doménico Cavalca), un tercero, noruego, que escribía en danés (Henrich Ibsen); un cuarto lusitano y de lengua, naturalmente, portuguesa (Eugenio de Castro) y 14 de lengua francesa.

Se sabe que cuando se aminora su esteticismo, y el ideal del arte por el arte deja lugar a nuevas inquietudes, surge su obra maestra, Cantos de vida y esperanza (1905), en la que el absoluto dominio de la forma ya no tiene la mera belleza como único objetivo, sino que sirve a la expresión de una intimidad angustiada o de preocupaciones sociohistóricas, como el devenir de la América hispana.

Muchas frases en su larga trayectoria poética entrañan un significado patriótico, entre ellas figura: «Si pequeña es la patria, uno grande la sueña». Otras ciertas ideas que dejó para la posteridad son las que escribió con gran lirismo sobre el amor y en especial sobre la literatura cuando  afirmó: «el libro es fuerza, es valor, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor».

Tomado de Granma