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Maldita física, bendito Frabetti

Alina Iglesias Regueyra, 04 de enero de 2017

Al asomar nuestra adolescencia una de las primeras maravillas que aprendemos en la escuela son los secretos de la física. Amparados por los padres fundadores –y desarrolladores- de esta extraordinaria ciencia, conocemos inusitados experimentos y sus resultados, más asombrosos aún, a través de fórmulas, constantes, deducciones, proporciones y enunciados que en sus tiempos hicieran Arquímedes, Galileo, Newton, Maxwell, Faraday, Planck, Coulomb, Kirchhoff, Hertz, Lorentz, Einstein y muchos más que harían prácticamente interminable nuestra lista.

No obstante, el grado tan alto de abstracción -¿o imaginación?- que exige la práctica constante de esta disciplina científica como profesión, provoca rechazo en ciertos estudiantes que hasta versos le han dedicado: “la Física es la ciencia que agota la paciencia y amarga la existencia”, se ha visto escrito en pizarras, previo a exámenes de la asignatura. Doy fe de ello".

Carlo Frabetti (Bologna, Italia, 1945), profesor de matemática y física, además de escritor, creador de los medios audiovisuales y promotor de causas justas en el mundo, se erige como un mediador ideal entre los postulados más inextricables de la física y la lectora o el lector joven, al ofrecernos su muy divertida visión de esta ciencia a través de una magnífica historia en su libro Maldita física. Alicia en el País de las Ciencias, editado en Cuba en 2012 por Gente Nueva en su Colección Juvenil.

El volumen, que puede catalogarse de mediano a pequeño formato, cuenta con la estricta edición de Suntyan Irigoyen Sánchez, el diseño de colección de Nydia Fernández Pérez, las ingeniosas ilustraciones interiores y de cubierta de Arístides Hernández y la composición de Ileana Fernández Alfonso. Su portada muestra la percepción popular que se tiene de esta ciencia, al presentar a una niña totalmente oculta tras un pesado libro de enormes dimensiones y aspecto envejecido, cuyo exterior está decorado con nebulosas imágenes del Sol, la Luna, la estructura del átomo y las estrellas, cual un manual de magia repleto de conjuros difíciles de desentrañar. Para realizar tamaña labor, una vez más el autor recurre a personajes ya clásicos de la literatura infanto juvenil, como lo es Alicia, la protagonista del relato de otro matemático: Charles Lutwidge Dodgson (Daresbury, Cheshire, Reino Unido, 27 de enero de 1832-Guildford, Surrey, Reino Unido, 14 de enero de 1898), mejor conocido como Lewis Carroll. Pero no es esta niña, precisamente, Alice Liddell, quien fuera en la realidad, amiga de Lewis Carroll durante su infancia, y su inspiración para los libros Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo, sino una escolar de estos tiempos, que ya había sido retomada en el rol protagónico de Malditas matemáticas. Alicia en el país de los números, también de Frabetti (Gente Nueva, 2006).

Tal y como su original, esta Alicia es inquisitiva, gusta de las buenas historias y es desconfiada al punto de considerar loco a su profesor de Física, por haberle orientado una trabajo evaluativo, resumen de la materia que imparte, basado en frases sintéticas que describen fenómenos físicos de la realidad, como que una piedra y una pluma lanzadas en el vacío caen a la misma velocidad, que una pelota rodante nunca se detiene a menos que alguien la pare, o que un diamante de dureza excepcional, al ser quemado, se convierte en gas al igual que el carbón.

Para ayudar a Alicia en su cometido no aparece esta vez ningún escritor que le narre historias o le sugiera meterse en la madriguera de un conejo, sino un enano singular, alter ego del propio autor a través de su prolífica e intensa obra, quien le regala a la niña un libro repleto de interesantes narraciones, donde muy sintética, anecdótica y animadamente le resume las cuestiones más pintorescas y curiosas de la física sobre la fuerza de rozamiento, la aceleración de la gravedad y la ley de transformación y conservación de la energía.

De esta forma, la niña conocerá igualmente a científicos como Demócrito, Lavoisier, Darwin y Madame Curie, y será iniciada en el camino de la interrelación entre las ciencias, la llamada perspectiva holística que permite comunicar, combinar y aplicar todos los descubrimientos, sean físicos, químicos, biológicos o matemáticos, con vistas al desarrollo de la humanidad y a la vez al cuidado de la naturaleza y sus recursos.

El enano dejará pasmada a la chiquilla con sus deducciones muy bien enhebradas dramatúrgicamente por el autor, maestro en el arte de la síntesis y la claridad textual, pues también la pureza en el idioma y sus significados precisos aportan al desarrollo de la ciencia muy evidentes en la enunciación de conocimientos como la ausencia de fricción “en el vacío”, y no en la caída “al vacío”, acertada diferencia preposicional que presupone una distancia conceptual importante.

En otro plano interesantísimo, Frabetti sitúa el punto de vista del enano en el lugar de la sabiduría y el talento más humildes. Esta humildad y esta sencillez se encuentran simbolizadas en su estatura, pues la sapiencia simplemente está amparada y viabilizada mediante la lógica y el razonamiento y no por medio del alarde y la exhibición. De tal enfoque resulta una nueva asimilación de la obra en cuanto a formación en valores entre el público lector, al intencionar el entusiasmo por la ciencia pero con un fin noble de altruismo y deber hacia los demás, y no con propósitos de enriquecimiento personal. En tal sentido, Frabetti combina fragmentos de la vida de los sabios con sus descubrimientos, y los caracteriza humanamente en sus aciertos y errores, ambas vías valederas para alumbrar el camino de quienes les sigan, pues la perfección es enemiga de la ciencia al no albergar la duda, imprescindible para el progreso del conocimiento científico.

También acompaña a los relatos una buena dosis de humor, íntimamente ligada a la creatividad, y por ende, a la historia de invenciones y descubrimientos basados en casualidades o accidentes como la caída de una manzana sobre la cabeza de Isaac Newton, el líquido derramado de la bañera por Arquímedes, el análisis del vuelo de las aves por Leonardo da Vinci o los olores desagradables que iniciaron a Demócrito en el diseño de las bases de una teoría atómica.

El lenguaje y la redacción de la obra son directos y ágiles, sencillos y claros en sus expresiones. Los personajes gozan de una caracterización diversa y consecuente, tanto los activos como los pasivos, pues, como es costumbre, Frabetti nos ofrece literatura dentro de la literatura, en su fervoroso amor por los libros como puertas a otros mundos pasados, futuros, abstractos, poéticos o imaginarios, que enriquecen el mundo real.

Maldita física y bendito Frabetti, que entrega un tesoro disfrutable y descifrable a aquellos jóvenes que no han llegado a amar la física como ciencia primigenia que explica el mundo, sustento de todas las demás.

 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas