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Poesía de Ibrahím Doblado del Rosario

Tropos, 28 de mayo de 2015

Con qué temperatura febril, con qué agudeza de espíritu, el poeta avileño Ibrahím Doblado del Rosario trabajaba el lenguaje de la poesía. Dueño de una simbología de carácter cósmico, hijo de la voz telúrica, explorador del aire místico, sus versos no se entregan fácilmente, pero poseen una concordancia y una verosimilitud profundas.

Mueve todas las relaciones del universo, enhebra los sentidos ocultos, afianza las búsquedas libres del individuo, en cada poema, que avanza gravitante en el discurso y se levanta de la escritura como expresión de un alma que sabe porque ha sufrido. Cada palabra suya ha sido sufrida, escandida en el horno hondo, silbada desde el pecho.

Hijo de la sabana avileña, miembro de una familia de labradores y poetas, su cosmogonía tiene todos los ingredientes del paisaje en que nació y creció, pero no como estampa, sino como reverberación meridiana, como vibración nocturna, consustanciada la atmósfera natal en la lengua de la poesía, que es resiliente y hermosa como un árbol épico.

Sepa el lector que en estos poemas la palabra no es mera palabra, sino corazón fruncido, angustia macerada, esperanza soñolienta que despierta después de haber saltado todos los escollos y aromado todos los racimos. Aquí la religión es una instalación en el cosmos, y la poesía es una biblia personal que se teje con la vivencia del júbilo y del dolor.

ROBERTO MANZANO

Ibrahím Doblado del Rosario (Ciego de Ávila, 6 de agosto de 1941-La Habana, 21 de junio de 2012). Poeta, narrador y promotor. Deja escrita una de las sagas más interesantes de la narrativa para jóvenes de toda la literatura cubana. Publicó varios cuadernos poéticos de valores notables, desconocidos por la crítica, y aún permanecen otros inéditos, que despliegan una visión muy especial de la relación entre la historia, la naturaleza y el individuo, así como entre lo telúrico y lo místico. Uno de los principales exponentes de la poesía de la tierra.


CENTRO DE GRAVEDAD

En el apremio sexual
La gemelidad de las piernas
Entreabre su gruta húmeda
Su boca febril
Y la sangre recorrida
Por ríos levitantes
Baja las distancias
Hasta ese hondor
Ondeantehundidohudiéndose
Húmedo vórtice donde los polos
Ya no son distantes ni opuestos.


QUE NO ERA ASÍ

Para Soto

Nos tendieron desde siempre, día a día nos tienden
Muchas, muchísimas trampas. No era así, seguro que no era así
La vida que nos dieron. Todavía creo recordarlo
Un remoto recuerdo que desde muy atrás
O de adentro me llega. Viene en mis genes, en mi alma
Como quieran llamarlo, pero estoy seguro, sí, muy seguro
Que no era de esta forma. Llovía distinto y la luz
Era otra. Tal vez eso sea, pero no, hay algo más decisivo
Con el otro, con lo otro, con la otredad latente
Que nadie sepultaba ni vendía en un caro mercado
Que hasta el sueño vende, y yo no quiero
Comprar sueños. Yo sólo quiero los míos, los que perdí,
Los que día a día me roban. Eso quiero, nada más.


LA LLAMA INTACTA

Ahora llueve hacia dentro, sobre mi alma
Toda lluvia es nostálgica
Toda lluvia doblemente nos moja
Tengo frío desde lo más hondo
Un frío que el fuego no calienta
Y tampoco queda leña, cerillas, pedernales
Alguien que venga a calentar el fuego
Una llamita en la memoria
Que nos devuelva la eterna llama
Que en alguna parte alumbra intacta.


LAS CASAS

Para Francisco Enríquez

Cada lugar tiene su angustia, su ingenuo sueño dorado
Su pozo remoto, uno y otro cielo, una y otras casas
Un mismo sol las alumbra
Y la luna discurre al amanecer
Sobre casas en las que oso entrar
Cómo me atraen las casas
Qué tristeza, qué alegría quizás a esta hora
¿Cuál será, sobre ellas, en ellas, su clamor interno
Que aguarda sin respuesta?
A veces entro, otras sigo de largo
Un sentimiento púdico me lleva, no quiero profanar
Intimidades, efímeras alegrías
De hoy nada más, pero que son la sal de la vida.

Atrás quedaron mis casas
Las que perdí o abandoné en busca de otro hogar más cierto
Y las casas, en la noche
Con sorda voz me llaman
Tal vez el fuego dore alimentos tardíos
Un pan muy propio, un sorbo solitario
Otra nostalgia, y la noche es alta
En su alarma, en su decursar sin sosiego
En ella peregrino ávido en busca de un hogar
Perdido, un sueño que no es de aquí
Si no de hace mucho tiempo, o quizás sólo sea un espejismo
Que abate al solitario cuando las paredes son mudas y frías
Y más allá el horizonte se repite interminable
Concéntrico, otra celada para que no carguemos llave
Y la libertad es una sombra que vuela hacia su propia muerte.


TO BE

Estoy donde no soy yo
Quieren que yo sea otro distinto
A ese que creo ser
Cuando todos llaman a mi yo
Va otro en su lugar
Otro que ni yo mismo conozco
Y yo, con mi Yo, me quedo a solas pensando.


LA MIRADA DE DIOS

Nos miraste, Dios, un día
Y en nuestras pupilas dejaste
Esta luz que nunca muere
Y sin cesar
Por todas partes te busca, olvidando
Que hacia adentro, muy adentro
Está el otro ojo, dormido donde
Se vislumbra, rápida, fugaz, tu silueta.


CON LA MISMA VOZ

Para Lisbán Mazorra

En el acto de la voz te conocimos
Y con ella, en el Poema primero, nos diste aliento
Si soy distinto, es porque con la luz de la voz
Nos dotaste de una luz que tanto
Hemos profanado.

Profanar la voz, esa luz que cual lámpara irradia
Es profanarte. En el silencio
Que al poema antecede
Escuchamos todas las voces de los ángeles, y tu voz
Un cristal límpido desde antes de los comienzos
Otorgándole murmullo a los astros
Y corriente a los ríos despeñados
Que por los costados del planeta
Ya contaminado, nos hablan con los ecos
De las aguas, de sus glorias pasadas
Y protestan 
De las mariposas muertas y también contaminadas
Que no se sabe de dónde, junto a aves
Y peces por tus aguas corroídos
Infaman los puros recintos
Que con su voz, Dios nos dio.

Todavía su voz se escucha. Sólo estar atento
Una antena nuestra alma toda
Percibiendo en la insospechada, sutil voz del silencio.

En lo alto de la oración honda
Hablan todas las voces
La voz del silencio es la lengua
Del Espíritu redimido. Sólo ese acuerdo interior
Una fina percepción, toda nuestra alma
En vilo, receptiva, todo el silencio descendiendo
En las alas de los ángeles
Y el oído, vencidos los aullidos y estruendos del día
Sus resonantes bocinas de maldad
Y nos llega el murmullo, el coro de voces guiadas por su voz.


NOCHE DE SAN JUAN

Cuando el sol oculte su alto velamen cósmico
Y la noche se tienda morosa hacia los confines del espacio
¿Volveremos a saltar sobre el fuego?
¿Qué remota memoria este San Juan oculta?
¿Llega desde un amanecer semita con piedras alumbrando
Por el fondo de los río, al influjo de los astros?
¿Una cantiga y un conjuro en una perdida noche de Europa?
¿Qué oración no proferida pugna en mis labios, oh Señor?
¿Sabré pronunciarla a la luz de las estrellas? ¿La llama     
Que arde en mí
Foguea esta noche en las yerbas que crepitan
Y humean y al fin se queman?
Dentro de mí, ¿qué quemo yo?
¿Podrán las palabras, la oración del fuego?
¿Será ella la oración del Espíritu redimido?
¿Podré proyectarme hacia el cielo
En una oración
Que me libere de los fuegos de la tierra
Y los fuegos de la condenación, y las cenizas
De tantos fuegos? ¿Encenderlo y apagarlo
Y a todo lo ancho del planeta
Claras nos alumbren nuevas estrellas
Y rivalicen, luz a luz, con los astros
Que hacia lo alto silenciosos pasan
Con el hondo murmullo de sus voces
Y el indescifrable misterio de su palabra?


PEQUEÑO YO

A Conroy, el Espíritu, y la poesía que es espíritu, salvan las distancias

Trozos de cielo en mis manos. Grandes
Tajadas de luna descongelan sus fríos colores
Si una fuga brizna de sol arde en mis dedos.

Pero no soy Dios, dueño y creador del cosmos
Apenas soy una sílaba de su voz
Insertado a la Palabra que un día alumbró al vacío.

Vivo mientras canto. Remota comunión de mi voz
En la sustancia
De que están compuestos los astros. La luz
De las estrellas, gracias a su Poema
Se enciende. Canto y vuelvo a celebrar
Sus nupcias con todo lo creado
Y proyecto grandezas que apenas percibo.

En silencio vuelvo a mí. El silencio, paz profunda
Un himno que en mí otra vez canta.

En su ola sideral, el silencio antecede
Todo espacio de Creación, esa semilla
Que germina con sus voces no traducidas
En una lengua que desconozco
Y el verso fluye límpido
Más allá del silencio, con otras músicas
Que lo intuyen en sus palabras y en sus acordes
Con otro árbol, tal vez el mismo que tanto buscamos
Con otro yo, tal vez más genuino
O definitivamente Yo sobre el yo que creo ser.

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