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Homenaje a Ángel Gaztelu en el centenario de su natalicio

Jesús Dueñas Becerra, 09 de junio de 2014

El centenario del poeta y sacerdote católico hispanocubano, Ángel Gaztelu Gorriti (1914-2003) fue evocado a través de un evento teórico, organizado por la Cátedra de Estudios Culturales Vivarium, y que sesionó en el Aula Magna del Centro Cultural Padre Félix Varela, antigua sede del capitalino seminario  de San Carlos y San Ambrosio, en el Centro Histórico de La Habana.

El programa incluyó tres conferencias y tres paneles, que analizaron in extenso las más disímiles facetas de la producción intelectual y espiritual del autor de Gradual de Laudes, considerada por los expertos como su obra cumbre.

En ese contexto, se realizó una breve trayectoria biográfica de monseñor Gaztelu, cuya obra fuera definida por el multipremiado poeta y ensayista Cintio Vitier (1921-2009) como «fina captación de lo cubano», y se destacó el hecho indiscutible de que deviene una figura cimera de las letras cubanas e iberoamericanas.

La doctora Graziela Pogolotti, Premio Nacional de Literatura, en su Evocación a Gaztelu, narró testimonios personales de su relación afectivo-espiritual con el homenajeado.

En 1957, entabló contacto con el ilustre poeta, quien perteneciera al mítico Grupo Orígenes (1944-1956), jerarquizado por el poeta, novelista, crítico y periodista, José Lezama Lima (1910-1976). En esa ocasión, visitó la iglesia de Bauta, donde celebraba la eucaristía el padre Gaztelu y evocó en su memoria la impresionante sencillez del templo, estéticamente decorado con obras pictóricas del afamado artista de la plástica René Portocarrero (1912-1985).

Según declaró, esa simplicidad le dejó una inefable sensación de paz y tranquilidad desde el punto de vista espiritual, que no ha podido olvidar, no obstante el tiempo transcurrido desde finales de la década del cincuenta del pasado siglo […] hasta hoy. En su opinión, Gaztelu era «un restaurador y un celoso conservador del patrimonio cultural cubano».

Para la doctora Pogolotti, las características fundamentales del Grupo Orígenes fueron —entre otras— el culto a la amistad, la unidad de pensamiento y la ética inmarcesible; indicadores cognitivo-afectivos que nuclearon a los integrantes de dicho proyecto artístico-literario, con independencia de su filiación ideo-estética o filosófica. Por esas u otras muchas razones, Orígenes llenó toda una época en la historia de la cultura insular.

La licenciada Amanda Pérez Morales y el maestro Juan Enrique Guerrero, miembros de la Cátedra de Estudios Vivarium, se refirieron al universo de Orígenes.

La joven filósofa y narradora señaló la importancia del pensamiento, mediatizado por lo teleológico insular, que caracterizara el enfoque ético-humanista por excelencia que el padre Gaztelu le imprimiera a su poesía, mientras que el maestro Guerrero esbozó el tratamiento original de la metáfora y la imagen en que se estructura la creación poética de Gaztelu, a quien conoció personalmente durante su estancia en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio.

El profesor de Introducción al Arte de la Composición y la Orquestación  en los conservatorios «Guillermo Tomás» y «Amadeo Roldán», de Guanabacoa y Centro Habana, respectivamente, precisó el hecho de que dichos recursos estilísticos poseen no solo un gran valor desde los puntos de vista teórico y práctico (activo), sino también sugieren el elevado vuelo espiritual que alcanza la poesía del desaparecido prelado.

Guerrero se refirió al uso de la fantasía en la producción poética de Gaztelu, así como al carácter clásico y melódico de su poesía, ya que como manifestación artística se escribe para ser vista, no leída o declamada. Con otras palabras, para llegar a la esencia íntima de la poesía hay que «verla con los oídos y escucharla con los ojos».

El doctor Roberto Méndez Martínez, Premio Nacional de Crítica, el licenciado Leonardo Sarría Muzio y fray Jesús Bayo, bosquejaron la espiritualidad y el pensamiento plasmados en Gaztelu, en su doble condición de poeta y sacerdote.

El laureado intelectual camagüeyano calificó los textos poéticos de Gaztelu como cristianismo renacentista; corriente o tendencia muy influida por los poetas místicos fray Luis de León (1527-1591) y san Juan de la Cruz (1542-1591), y, además, mencionó los tres pilares fundamentales en que se descansa su poesía: iluminación, pasión y entusiasmo, para acercarse a la belleza (entendida por el vate como todo aquello que enaltece la dignidad del homo sapiens). Por otra parte, defendía con vehemencia la indivisible unidad cuerpo-mente-alma.

Sarría Muzio le dedicó su tesis de grado a lo religioso-espiritual en la obra poética de Gaztelu, con quien pudo interactuar cara a cara, no obstante su relativa juventud. Según el ponente, la poesía del presbítero está signada por la mística sanjuanista, lo cual coincide con el planteamiento formulado por Méndez Martínez, ya que en ella se refleja, de una forma implícita o explícita, el encuentro del alma humana con el Amado (nombre con el que el santo carmelita designa al Señor), después de transitar por la noche oscura, percibida como un cielo cuajado de estrellas, cuya luz purifica el espíritu del hombre.

El religioso dominico valoró la presencia mariana en la poesía del padre Gaztelu, la cual —según él— posee un trasfondo teológico y melódico que ilustró con la lectura de varios de los sonetos dedicados por el bardo a la Virgen María.

La doctora Luz Merino Acosta disertó sobre la importancia y relevancia trascendentales que adquiriera el arte de la ilustración en la revista Orígenes.

Los críticos Roberto Comas Amate y Antonio Fernández Seoane centraron su exposición sobre la plástica y el ministerio en Gaztelu, quienes en su intervención establecieron el estrecho vínculo de monseñor con las artes plásticas, su fraternal relación con los pintores de la vanguardia cubana, y cómo los conocimientos y postulados éticos y estéticos que sustentara animaron las obras más representativas del arte religioso del extinto siglo XX.

Por último, la licenciada María Virginia Pérez contó la aventura de Orígenes en la pintoresca comunidad de Bauta, donde los miembros de ese grupo, que monseñor Ángel Gaztelu atendiera con solícito esmero, celebraban sus tertulias artístico-literarias, mientras que, en Playa Baracoa, degustaban los suculentos almuerzos lezamianos.