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Espacios de culto y reverencia en la religiosidad popular cubana

Gerardo E. Chávez Spínola, 30 de enero de 2014

Desde el sitial de ejecución de los primeros areítos aborígenes en La Mayor de las Antillas, hasta la capilla de la Iglesia, cuyos elementos se fundieron con los altares y deidades de trasplantadas veneraciones afrodescendientes, los cubanos hemos tenido siempre un área especial, precisa y bien definida para sacralizar nuestra fe, así como una parte del alma, dispuesta al culto y la reverencia. Pero pocas veces nos hemos percatado, que estos espacios no son tan exclusivos como los creíamos.

El culto y la reverencia, experiencias del más alto grado espiritual que busca y se deja encontrar, para confrontarnos de cuando en vez con las más esotéricas alegorías, que a través de estos espacios han venido filtrándose, asimilando y mezclando sagrados y profanos ingredientes, sin perder ese poder de exorcismo, que les instala en la memoria comunitaria disfrazado de folclor, para devolvernos la propia imagen, con la visión de un espejo que la muestra a semejanza de nuestros arquetipos tradPara los cultos afrodescendientesicionales.

Así durante siglos, hemos implementado espacios santificados donde se congregan los elementos que les convierten en escenarios adecuados para mover la conciencia al ejercicio del culto y la ceremonia. Espacios a  los cuales, devotos, seguidores, sacerdotes y practicantes, acostumbran a investir de ciertas fuerzas sagradas que les otorgan las más exclusivas propiedades.

Y es aquí, entre estos espacios de culto reverencial mantenidos a través de los siglos, con  extraordinaria capacidad de servir por igual a credos de tantas culturas y enfoques diferentes, que podemos apreciar peculiares concordancias en medio de tantas diferencias. Es precisamente en la utilización de estos espacios, ahora mostrados de uso común, que empezamos a vislumbrar inusitadas semejanzas allí, en los sacralizados campos del dogma y la religión, donde concurren con anarquía tantas tendencias divergentes, que nunca pensamos podrían fusionarse, sin elevarse a instancias de la fe.

Pues estos sitios consagrados, que siempre han permanecido en la memoria comunitaria con sentimientos de pertenencia y exclusividad, al ser “descubiertos” desde su percepción simbólica, muestran otra versión que sobrepasa los estreEl montechos márgenes del dogma y parece solicitar, de otro conocimiento mayor para su comprensión. Así puede vislumbrarse, en un sintetizado y corto recorrido por estos espacios de culto y reverencia, en algunas de las manifestaciones de la religiosidad popular cubana.

El Monte

Campo de mil batallas. Refugio de los que escapan. Escuela del conocimiento sublime y natural. Templo de magia y misterios. Hospital del alma y farmacia Universal. Lugar sagrado de casi todos los sistemas de pensamiento afrodescendientes. Morada de divinidades ancestrales a quienes se conjura, teme y venera. Escenario de acontecimientos trascendentales, que han marcado pautas en la historia de casi todos los pueblos del mundo.

PARA EL CRISTIANISMO

En la tradición bíblica: El “Monte de los Olivos” cercano a la ciudad de Jerusalén, tiene gran trascendencia simbólica. Con la madera de sus árboles se hizo la cruz donde Jesús fuera martirizado y en su cima (donde hoy curiosamente se levanta el alminar de una mezquita), según asegura la tradición bíblica, estuvo el escenario de la ascensión del Cristo. También el “monte Tabor”, con sus 600 m. de altura dominando toda la llanura de Esdredón, al cual la tradición hebraica identifica como “el monte de la transfiguración”, mantiene su condición de espacio reverenciado.

La redentora manigua cubana también tuvo sus espacios sacralizados. La primera bandera enarbolada por Carlos Manuel de Céspedes, fue hecha con recortes de telas del dosel de la virgen de la Caridad, tomadas al altar que tenía su familia en Bayamo. Más de una vez, bajo este bendito estandarte tricolor, se ofrecieron misas en el monte cubano. Así el 28 de noviembre de 1868, las tropas mambisas llegan al Santuario del Cobre, para pedir por la liberación del yugo colonial y brindarle a la santa los objetivos y razones de su justa lucha. Más tarde, en 1895 la santa acompañó a los libertarios en el monte, en forma de estampillas, medallas, escapularios y después con su propia imagen, denominada “La virgen mambisa”, que actualmente se expone en la Parroquia de Santo Tomás, en Santiago de Cuba.

PARA LOS CULTOS AFRODESCENDIENTES

Para la Regla de Palo Monte, con cuerpo mitológico original proveniente del Congo africano, en su versión cubanizada también la manigua es sagrada, porque además de residir allí sus deidades, es en este espacio donde pueden encontrarse las raíces, hierbas, troncos y palos imprescindibles para sus “trabajos”. Aunque las Reglas Congas, o Palo Monte, también llamadas Mayombreros (de mayombe “el monte”) en Cuba se han sincretizado mucho y ninguna conserva la pureza de su origen geográfico, ha permanecido inmutable la presencia del palo del monte como elemento mágico de conjuro, así también ha continuado el monte como espacio sagrado y núcleo aglutinador en medio de tanta diversidad de criterios y rituales que presenta este culto. Antes de penetrar sus mágicas espesuras, los sacerdotes y conocedores han de solicitar permiso a sus “mpungus” (espíritus superiores), que se alojan en las piedras, en los árboles y arbustos, en el rayo y por toda la foresta, a los cuales se reverencian para captar sus fuerzas.

Para la Regla de Ocha, con patrones de origen yorubá, El Monte es engendrador de la vida. Los orishas (divinidades) están más en el monte que en el cielo, tiene cada uno de ellos su residencia en algún elemento de la espesura y es poseedor de un grupo de plantas y animales especialmente personalizado en función de sus rogativas y sacrificios. Para sus seguidores, la vida comenzó en Eggo (El Monte), que significa para sus practicantes y sacerdotes una versión aproximada de lo que el templo es para los blancos. Un tiempo hubo, en que los seguidores de este culto, también llamado Santería cubana, acudían a estos frondosos verdores como si fuesen a la iglesia, porque estaba lleno de santos y difuntos a quienes le rogaban, conjuraban y a veces exigían por su salud, para solventar sus problemas, para que saliesen bien sus planes y proyectos futuros, o se arreglasen los presentes.

El conjunto de vivencias ewé-fon, de la tradición arará, llegada del lejano Daomey, Arribó a Cuba ya con fuertes conexiones culturales con las etnias yorubas, por lo que sus panteones están bastante sincretizados. En sus proverbios, refranes, mitos y leyendas, en sus poemas y canciones folclóricas, así como en toda su figuración religiosa, sitúan al monte en la más alta expresión de lugar sagrado.

El vudú con sus rudimentos provenientes del vecino Haití, tal y como se ha reconfigurado en Cuba, también hace del monte su espacio sacralizado y tiene allí el fundamento de sus luaces (dioses del vudú), que permanecen en posesión de cada rincón de la foresta, donde tienen su lugar los distintos elementos sacramentales de este verde y espeso escenario. Sus ceremonias secretas y rituales de alta magia, se desempeñan aquí mejor que en ningún otro lugar.

El Río

El que riega las tierras y trae la vida. El que inunda las tierras y trae la muerte. El que todo lo limpia y se lleva lo malo. El que separa, enemista, bifurca y divide. Que permite viajar donde no hay caminos, dar de comer al hambriento donde no hay labrantíos y de beber al sediento donde no existen pozos. Atraviesa espesos montes, extensas sabanas, áridos desiertos, gélidas estepas, miserables pueblos y populosas ciudades. El río, vive como el hombre: nace, crece, se multiplica, envejece y muere.  

PARA EL CRISTIANISMO

Según el relato bíblico, Juan el Bautista ejercía sus ceremonias en río Jordán y allí bautizó a Jesús. En el ritual original, tal como lo realizaba Juan en aquella época (y como lo ejecutaban los druídas, siglos antes que él), el iniciado era sumergido en el agua y la sacripotencia propiciaba que bajo el líquido elemento feneciese el pecador, para luego emerger puro en renacimiento el hombre nuevo, quien salía al mundo entonces libre de pecado. Aunque en la actualidad, la ceremonia del bautizo se ha simplificado mucho, existen aun algunas iglesias evangélicas, que llevan a sus iniciantes a una corriente fluvial para este importante ceremonial. Otras, lo realizan en una poceta que simboliza este espacio sagrado.

La iglesia católica resume actualmente el ritual al óleo sagrado y el agua bendita sobre la frente del bautizado, aunque se acompaña siempre de “la palabra divina”, la espiritualidad, sobriedad y el rigor ceremonial que tal acto precisa. Es de notar como el ceremonial del bautizo, que desde sus inicios fuera totalmente iniciático, trascendió los marcos de las doctrinas judeocristianas para imbricarse, de una u otra forma, en casi todos los cultos que componen el amplio abanico de creencias que configuran el folclor cubano.  

PARA LOS CULTOS AFRODESCENDIENTES

En la regla de Ocha, para la “ceremonia de asiento” (hacerse santo) es requisito conducir al iniciado(a) al río por tres babalawos (o babalochas según el sexo de quien se inicia). Es en este espacio sagrado donde se purifica por medio del baño, pues las aguas se llevan los despojos, para que pueda regresar vestido de limpio a la “casa de los santos”, donde permanecerá encerrado por siete días. (2) p. 38.  Curiosamente, para que una persona pueda “hacerse santo”, es requisito indispensable que esté bautizada por la Iglesia Católica. Luego de terminada la ceremonia, la persona tendrá dos nombres: el cristiano y el de Osha, que se mantiene en secreto (al igual que ocurre en las antiguas iniciaciones místicas). En este sistema de creencias, es Ochún (sincretizada con la virgen de la Caridad del Cobre), quien gobierna los ríos.

En el vudú, se destacan entre sus luaces (sus dioses) toda una familia de Ogunes, que se referencian con los espacios más sagrados para este sistema de creencias, entre ellos se encuentra el “Ogún del río”, quien mantiene el dominio sobre las corrientes fluviales. Cuando “se monta”, lo primero que pide es un vaso de agua y debe ser rociado el cuerpo de su portador continuamente con el preciado líquido. Para la ceremonia de iniciación en esta divinidad, no tiene que buscarse necesariamente un caudal, pero si deben utilizarse piedras de uno para hacerle conocer al santo que ya no vivirá más en el agua. Estas  han de ser colocadas en un plato, que debe sumergirse en la corriente fluvial. (1) p. 418.

El Altar

Espacio de adoración y reverencia, de consagración y ceremonia para infinidad de cultos y sistemas de pensamiento devocional. Ha sido y es por siempre el altar, dimensión sagrada por excelencia, donde se manifiestan el fervor, el recogimiento, la veneración, la idolatría, la sumisión, la piedad, la súplica y el alivio del perdón, que son los más altos sentimientos comunes a todas las religiones.

PARA EL CRISTIANISMO

Las más precisas descripciones para la construcción de diversos tipos de altares se brindan en la Biblia: “Harás después el altar de madera de acacia: cinco codos de largo y cinco codos de ancho. Será cuadrado y tendrá tres codos de alto”. (3) Ex. 27:1. El altar de los perfumes. “Hizo después el altar del incienso de madera de acacia; un codo de longitud y un codo su anchura; era cuadrado y su altura era de dos codos. (3) Ex. 37:25. El altar de los holocaustos. “Cinco codos de largo y cinco codos de ancho, cuadrado, y tres codos de alto.” (3) Ex. 38:1-7

Las iglesias católicas acostumbran a disponer de un altar para cada santo. Cada Iglesia suele tener varios, en los cuales se dispone de los elementos apropiados para su adoración y reverencia. Entre las iglesias católicas, hay una en la provincia de Villa Clara, en el poblado de san Juan de los Remedios, conocida como la Parroquia Mayor de San Juan Bautista, erigida en 1550, con un enorme retablo de barro en su altar, labrado en cedro y laminado en oro, que resulta uno de los más bellos de Latinoamérica. Hace ya algún tiempo, sus nueve altares fueron decorados con finas láminas en oro, pero el brillo era tal, que molestaba a los fieles en las ceremonias, por lo que se decidió pintar de color pardo los bajorrelieves para resaltar su decoración, brindarle un toque antiguo al sagrado recinto y destacar el claroscuro del clásico estilo barroco.

Las iglesias protestantes en Cuba (de las que hay diversas vertientes), también poseen un espacio generalmente central, desde donde se dispone al culto el oficiante. Es además sitial del coro que canta alabanzas al Señor. Igualmente lo es del pastor, cuando predica “la palabra” a sus feligreses. Aunque no tienen santos, pues su teología no los admite. Practican dos ritos fundamentales: el bautismo y la comunión. La fuente de inspiración de esta línea de pensamiento y su único objeto de adoración es la Biblia, por que en ella a su entender tienen la palabra de Dios.

PARA LOS CULTOS AFRODESCENDIENTES

Los altares de los llamados cultos afrodescendientes presentan casi sin distinción, elementos sincréticos que se entrecruzan con el catolicismo y entre los mismos sistemas mágico-religiosos, exponiendo en ellos una congregación de imágenes y símbolos diversos. De esta manera, el altar de un practicante de la Santería cubana, puede contener entre otros elementos: un Elegguá, una piedra de rayo, un tabaco y a su lado, la cristianísima imagen de Santa Bárbara, que en la Regla de Osha está sincretizada con Changó. Así pueden presentarse innumerables variantes para el arreglo de los altares de la religiosidad popular. Algunos creyentes colocan estos espacios de adoración en la sala, generalmente en una esquina, habilitados desde una simple repisa de pared, hasta un diseño de varios pisos y con mayor o menor lujo, según su posición económica lo permita. Otros prefieren mantener sus altares en una habitación, o algún closet u otra dependencia de la vivienda, donde estén sus componentes menos expuestos a la vista de extraños.

EN EL ESPIRITISMO

Los espiritistas, también pueden tener su espacio reverencial, en dependencia de la variante que profesen. En Cuba se practican tres: el espiritismo de mesa o Kartesiano, el espiritismo de cordón, también llamado Orilé y el cruzado, que es resultado del sincretismo de los principios del espiritismo con la Santería, el Palo Monte e incluso con la fe cristiana. En el espiritismo, llaman “Bóveda espiritual”, al espacio sagrado que en otras líneas de pensamiento podría percibirse como altar. (1) p. 206.

La Ceiba

Se cuenta que los indocubanos bailaban en derredor de este árbol, al cual consideraban como representante del sol. Según antiguas tradiciones, cada 16 de noviembre, día de la fundación de la Villa de San Cristóbal de La Habana, la gente acude a circundar el tronco de la ceiba que se encuentra en el jardincillo del Templete, frente a la Plaza de Armas del casco histórico de la mencionada urbe. Fue sacralizado este espacio por la Iglesia Católica, cuando se ofreció aquí la primera misa de consagración fundacional de esta ciudad. Acontecimiento que ha quedado inmortalizado en una pintura mural conservada en éste sitio.
 
Nominado como Akokó para muchos creyentes. Es en Cuba el árbol sagrado para casi todos los cultos afrodescendientes. Iroko, para la Santería. Iggi-Olorun, para los seguidores del culto arará. También Lokó. Teniendo en cuenta que, para estos sistemas de creencias, no es el árbol por sí mismo sagrado, sino cuando está habitado por sus sacripotencias. Representa al mismo Dios, en la religión yoruba y se asegura que quién corte su tronco, recibirá un castigo ejemplar.

Es la Ceiba, para los creyentes de estos cultos sincréticos un árbol sagrado, que tiene la propiedad de brindar fuerza quien se ponga bajo su sombra. Respetado hasta por el rayo, no se pisan sus raíces sin antes pedir permiso, ni se arrancan sus hojas sin antes pagar derechos (depositar monedas en su tronco). En la Regla Palo monte, la nganga, recipiente contenedor de los poderes mágicos del palero, se entierra bajo una ceiba, durante su preparación. Para la Regla de Osha, el orisha Iroko reside en éste ejemplar. Orula, fue castigado a pasar varios años enterrado hasta la cintura, frente al mencionado árbol y de su madera, se fabricó el primer tablero de Ifá, lo que le califica para la Santería cubana como un árbol del conocimiento.  (1) p. 132-135.

Según el mito carabalí, en que se funda la sociedad secreta abakuá1: Sikán, la descubridora del pez sagrado Tanze, es sacrificada bajo una ceiba. Personificación de Abazí, que en la época remota en la que se configura este relato, vendría a ser el Zeus de aquellas tierras. (1) p. 133.

Para los chinos residentes en Cuba, entre los cuales el culto a Kuan Kong fuera muy extendido, debido a las relaciones interculturales con la población se produjo también en esta veneración el fenómeno del recontextualización y sincretismo, lo que devino para un segmento de este grupo asiático, en el culto al milagroso San Fan Kong, cuyo altar se encuentra en el Casino Chung Wah, del barrio chino habanero. Para este grupo de creyentes, San Fan Kóng, reside en la ceiba. (1) p. 470-472.

Más allá de dogmas y doctrinas

Hemos tratado tan solo cuatro, de los muchos espacios sagrados que muestran utilización común en algunas de las más diversas formas de pensamiento devocional, que constituyen nuestra religiosidad popular. Y no hacen falta muchos más ejemplos, para darnos cuenta que estamos en presencia de la concepción del espacio sacralizado como símbolo.

 Aunque no por referenciarles juntos se tratan de equiparar con insolente sacrilegio, sino con ese afán de búsqueda, que tiende a inclinar cada ser humano en la noción de “su  propio y particular puesto en el cosmos”, en esa visión de un orden del que se siente a formar parte, y le invite a ubicarse de manera consciente en aquella otredad del conocimiento, en la que alguna vez creyó no podía participar, porque su forma particular de pensamiento era “tan diferente” de las otras. Invitación en la que viene a “descubrir”, cuántos puntos de unión, cuántas “extraordinarias similitudes” existen, en aquellos modos de pensar que parecían tan diferentes y en realidad no son. Pues ya les vemos aquí, utilizando por siglos, con las mismas intenciones y sentimientos, los mismos espacios sagrados.

Claro que esta invitación implica varios retos, porque trata de un conocimiento que una vez asimilado, no deja al humano en el mismo estado en que lo encontró. Allí, las diferencias de pensamiento que nos separan a los cubanos, se convierten en aquella verdad diseminada pero entendida, que una vez nos hizo pasar de la irreverencia al respeto; y luego del respeto a la tolerancia, y nos comienza a ayudar en la transición de la tolerancia a la comprensión y de ésta, a la posibilidad de interiorizar otras verdades mucho más profundas. Incluso, más allá del culto y la reverencia.

Así, en estos sagrados espacios comunes que trascienden dogmas, veneraciones, cultos y doctrinas, se nos muestran evidencias de esa concepción simbólica que sobrepasa aquellos primarios sentimientos de pertenencia y exclusividad, brindándonos más amplias percepciones para mostrarnos como podemos ir aprendiendo a comprendernos, cada vez más universales los cubanos.

Bibliografía

1.  Rivero Glean, Manuel y Chávez Spínola, Gerardo: Catauro de seres míticos y legendarios en Cuba. Inst. de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana. Ciudad de La Habana, 2005.
2. Rodríguez Dago, Raúl: Sincretismo Cubano. Santeros, ñáñigos, pañeros y espiritistas, Ed. Emmanuel, Quemados de Guines. Villa Clara, 2007.

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La paloma de vuelo popular
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