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Jorge Fernández Era: “era” no, sigue siendo

Jorge Tomás Teijeiro, 28 de marzo de 2013

Jorge Fernández Era nació el 11 de noviembre de 1962 en La Habana. Luego de terminar sus estudios de preuniversitario se graduó como Licenciado en Periodismo en la Universidad. Como periodista, editor y corrector tiene en su haber la realización del semanario Cartelera de La Habana y del periódico Cubadisco. Ha laborado, además, en el Ministerio de Cultura, la Biblioteca Nacional José Martí, la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y el Centro de Estudios Martianos.

Sin embargo, cuando F.  Mond, Cardi y el que esto escribe, lo conocimos –pues trabajamos de jurado en humor literario en la Bienal del Humor de San Antonio de los Baños. donde él participaba como concursante— todavía no había recibido su título universitario, ni le habían publicado ningún libro, ni había recibido ningún premio; pero leyendo sus trabajos nos dimos cuenta de que aquel joven, cuya seriedad y respeto podían hacerlo suponer una persona tímida, era en realidad alguien con talento.

H. Zumbado reconoció también la calidad de sus escritos y lo ayudó a seleccionarlos, ordenarlos en forma de libro y le escribió un prólogo adecuado, lo cual dio por resultado su primera obra: Cincuenta cuentos de nuestro Era, publicado en 1990 por la Editorial Pablo de la Torriente Brau de la UPEC. Luego, en 1994, aparece su segundo libro: Obra inconclusa, esta vez auspiciado por la Editorial José Martí.

Antologías que incluyen trabajos suyos

Sus cuentos han sido incluidos en diversas antologías en Cuba, entre las que cabe mencionar: Humor de puño y letra, Editorial Pablo de la Torriente Brau; Cuentos de la bruja (Premios Aquelarre), Editorial Sed de Belleza, Villa Clara; Nota de prensa y otros minicuentos, Ediciones Cajachina y Escribas en el Estadio, Editorial Unicornio.

Aparecen cuentos suyos también en antologías publicadas en el exterior por las editoriales: Feltrinelli, Italia; Ediciones Selector, México; Fundación Agbar, Barcelona y Silva Editorial, Tarragona, España.

Reconocimientos

Son muchos y de distinta índole, pero por su importancia estimo oportuno señalarlos a continuación.

-Primer Premio y Premio del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) del Primer Concurso Internacional de Minicuentos El Dinosaurio, 2006.
-Primer Premio de Periodismo Concurso 13 de Marzo, Universidad de La Habana, 1997 y 1999.

-Primer Premio del Salón Nacional de Humorismo de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec), 1987 y 1992.

-Primer Premio de Literatura Festival Nacional del Humor Aquelarre, 1999, 2001, 2003, 2005, 2008, 2010, 2011 y 2012.

-Primer Premio Concurso de Periodismo Aniversario de Palabra Nueva (1998 y 2008). Mención (2007 y 2009). Arzobispado de La Habana.

-Primer Premio, Premio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y Premio del Consejo Nacional de Cultura Comunitaria del Concurso de Literatura La Ciudad de las Columnas, 1997.

-Premio de Humor Carballido Rey de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec), 1998.

-Premio Anual de Redacción Ceiba de La Habana 2009, de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales.

-Mención Premio Abril de Literatura y Periodismo, 1991 y 1992.

-Mención Concurso Nacional de Crónicas Enrique Núñez Rodríguez, Unión de Periodistas de Cuba (Upec) y Dirección Provincial de Cultura de Villa Clara,  2006.

Crítica subliminal

Nuestro escritor de hoy emplea en sus trabajos una forma muy peculiar para señalar defectos o insuficiencias.  Se trata de que muestra el contraste entre la realidad literaria –la del entorno y la época donde se desarrolla la narración— en comparación con la realidad actual y circundante.

Un ejemplo de lo anterior lo tendremos en los párrafos que siguen, tomados de su trabajo “No pisar el césped de Babilonia”:

A las terrazas se ascendía por escaleras de mármol muy parecidas a las del Capitolio, pero más limpias.

En los refectorios se bebía a tutiplén.  A propósito: las leyes en Mesopotamia estipulaban la muerte por empalamiento o ahogo en el río para aquel que adulterara la cerveza. Las buenas costumbres se han perdido con el tiempo.

Para las instalaciones hidráulicas, se utilizaron 38 plomeros, dos más de los que hay en la ciudad de La Habana.

Los jardines colgantes de Babilonia desaparecieron a pesar del Decreto-Ley 27. Cuenta la leyenda que un día llegaron los gitanos –quioscos y chillones y todo— y plantaron allí una feria de productos industriales.  Fue el final.

La ironía a través de la exageración

Fernández Era pone en uno de sus personajes un comportamiento rayano en lo absurdo  para evadir ciertas prohibiciones pero, al hacerlo, critica irónicamente la forma incoherente de juzgar el mismo hecho en diferentes entes sociales. Veamos en su cuento “Para salir en short” la fórmula que propone el joven Alberto para usar sin problemas, en lugares públicos,  la susodicha corta y tropical prenda ¿de vestir?:

Primeramente matricule idiomas por la noche. Es preferible escoger uno de raíz latina, pues el árabe y el chino, por ejemplo, suelen confundirse con algunas malas palabras de la jerga criolla.

No se conforme con el curso básico, métale también a la licenciatura.

Después de dominar a la perfección un léxico determinado, le falta todavía conseguirse unas chancletas o sandalias que no hayan sacado nunca en nuestras tiendas, hacerse unos camisones que parezcan cualquier cosa menos eso (no cometa el error de plancharlos).

A continuación busque cuatro o cinco fósforos sin cabeza (esto es facilísimo) y másquelos. El short puede ser de cualquier modelo, pero nunca de producción nacional.

Ya con toda la indumentaria completa, no tenga temor: Aventúrese, el Boulevard, La Rampa, el Malecón espera por usted.

Dice mi amigo que la fórmula es infalible y que aquel que la emplea quedará eufóricamente convencido de que Cuba es un eterno verano.

Buscando una posible herencia: costumbrismo

En el cuento “Mi árbol”, Jorge nos acerca a la idea del cubano que piensa en la posibilidad de romper sus estrecheces económicas cuando descubra alguna herencia perdida en la nebulosa del tiempo que lo haga poseedor de una fortuna. Se trata, en este caso, de un hombre que logra trabajar en el Archivo Nacional para materializar sus propósitos de búsqueda. A continuación les muestro algunos fragmentos del humorístico relato:

No tuve mayores dificultades para dar con los datos de mis más cercanos parientes, ayudado por la desinteresada colaboración de dos colegas de la Universidad de Valladolid. Mis ocho bisabuelos —un rancheador de Campechuela, tres asturianas, dos catalanes, una veneciana y un marroquí— desnudaron su historia con claridad sorprendente, pero sin pista que me condujera a una holgada posición económica de antaño.

De herencia nada. El más ilustre de mis antepasados fue un tal Bienvenido Picón de la Mirandola, quien llegó a ser sirviente del general español Joaquín de la Pezuela cuando este fue virrey del Perú entre 1815 y 1821. No creo haya testado algo a favor de los míos, salvo algún tibor de bronce.

En mi linaje —he aquí el resto de lo que puede considerarse interesante— hay un fabricante de armaduras para las Cruzadas, un bufón de palacio expulsado por incapaz, un soldado encarcelado en La Bastilla por merodear la alcoba de la Marquesa de Sevigné, dos traficantes de licores, un torero pasado a retiro por bajo rendimiento, seis comerciantes de lana adulterada y veintiún ladrones de poca monta. Bastante bueno salí yo.

Posdata

Hasta aquí nuestras observaciones sobre este escritor.  Solo nos resta agregar que está en proceso editorial su más reciente obra de humor: Cada cual a lo mío, lo cual nos confirma que Jorge Fernández Era, no “era” humorista, sino que lo sigue siendo.