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Carta de Rilke a Domingo Alfonso

 , 10 de enero de 2012

Nota del compilador:
Estas cartas fueron encontradas en el metro de París por una anciana de la que se me negó su nombre. Se dice que estaban en un cofrecito de ébano y marfil, unidas por una cinta de color rosa, y que la nieve había borrado todo vestigio de quién las había escrito. Por mis investigaciones pude esclarecer que fueron vendidas en subasta, a un precio casi insignificante, por un comerciante a un turista, el cual las trajo en un viaje a Cuba y se las entregó a un escritor de provincia, cuyo nombre quiero conservar en el anonimato, quien las tradujo al reconocer la firma de Rainer Maria Rilke. Pero era muy difícil augurar si se trataba de sólo diez cartas o si existían más; opino, por las investigaciones que realicé, que eran solo diez cuartillas, como muestrario del tractus poético de la Isla, que el autor de las cartas de Franz Xaver Kappus había destinado a unos escritores cubanos; pero el poseedor de las mismas, después de traducidas, las había distribuido entre amigos y poetas quienes las conservaron hasta el día de hoy. Mi intención fue buscar todas las cartas, volver a colocarlas en el cofrecito de ébano y marfil, descifrar si ciertamente era Rilke su autor, y dar fe de todo ello, a destiempo, en esa apuesta por la poesía y los poetas de hoy.

 

Praga, en una gran nevada.

Preciado Domingo Alfonso, poeta:

No he podido salir de esta ciudad a no ser a través de las lecturas de los libros que forman mi equipaje y que siempre son un itinerario más futurista, como viaje o peregrinación posible. Cada día me interesa más proveerme de libros que me envían los poetas o de otros textos que me sugiere el constante amigo Franz Xaver Kappus, que tanto se ha dado por los motivos del verso y donde siempre me implora por nuevas lecturas. Tenía fe de que el invierno me permitiría tomar un reposo en esta casa donde nací; pero aquí, en esta rara ciudad, ya no está mi familia y me consterno viendo la foto donde yo cruzaba la avenida y eran otros árboles, saudades estas que el tiempo anticipa a los años. Por lo menos, a mis años.

Un gran tesoro. Es cierto, un gran hallazgo ha sido, para mí, su volumen El libro principal & un transeúnte cualquiera.* Es un gran divertimento el poder visualizar que usted y Gastón Baquero escribieran su primer texto como un soneto. Valga la relación. Bello soneto también el suyo que acompaña con una especie de retrato por la familia. Emparentar esos sitios a la memoria es dotar el universo de un pasado que siempre existirá.

Confieso que veo en usted a ese hombre humilde que se estremece ante el paso de los años y los recuerdos de su familia, pero allí están sus primeros poemas, que reflejan su foto familiar. Qué sorpresa leer su última página que, a manera de epílogo, nos ratifica su universo, sus lecturas posibles. La promoción del 50 en la isla a la que usted pertenece tuvo muy cerca al grupo Orígenes, lo que me hace reflexionar sobre un posible momento postorigenista en toda la literatura cubana, mucho más afianzada, pienso, a partir de 1959.

En el prólogo, Enrique Saínz nos enfatiza que “El acto sexual alcanza en estos dos cuadernos una jerarquía inusual, centro vital, diríamos, de esta poética”. Sin embargo, no creo que sea el leit motiv de ese drama que se revive en sus poemas, en su hilaridad. Se han planteado muchos puntos de vista del feminismo, en lo que creo que existe un canon del feminismo desde la percepción del hombre. Y le confieso que sería una ganancia a su favor. Si algo de erótico revitaliza estas páginas, es para marcar una posición desde el hombre ante la mujer como fecundidad, como deseo, como mito. Exploración que ciertamente nos hace replantear el fenómeno de “lo femenino” en la literatura misma. Es una visión que tal parece se consolida, no en las zonas más fieles a lo “erótico”, como el poema “El mayor homenaje”, sino en la pluralidad de signos que la argumentan en la propia antología. Y donde la situación de la mujer se descubre ante la mirada de un sujeto lírico que nos impone instantáneas, paisajes definitorios de lo que representa la belleza femenina.

La mirada, Domingo Alfonso, ante la situación racial que el ente poético asume, más que en el tema del negro, es decir, de la negritud, se explora con gran acierto en su poesía desde el ángulo de lo racial, tema este que posee mayor envergadura en su obra en tanto dimensión de lo humano. La mirada rumiante de la mujer es mucho más acentuada que el rostro que se mira en el espejo y escribe. Y en todo ese universo, se evidencia su cercanía a Lezama Lima, sus lecturas de los poetas de la Generación del 27 y, claro está, la influencia del arte pop en su obra. Interesante, pues con ello articula una mirada más ante esos artistas norteamericanos que usted revitaliza, en particular, a partir de la poesía, y donde el arte pop adquiere nuevos significantes.

Estamos en presencia de un libro de postulados permanentes: la fugacidad del tiempo, la cercanía a la muerte, la lucha por encontrar y descubrir la singularidad de los encuentros memorables, la mujer amada, el placer por el mito de la “diferencia” (me refiero aquí al tema racial), el retrato de la familia, el país, donde usted se califica de “hiperrealista”. Todo eso hace de este volumen un valioso libro que tendrá, en todos los tiempos, grandes lectores.

Gracias, Domingo Alfonso, por esta entrega y su especial dedicatoria; ya forma parte de mi modesta biblioteca y de mi equipaje, ahora que prefiero tomarme algo de tiempo para viajar por Egipto y descubrir también Asia. La vida en Praga ya no me resulta igual. Tendré que seguir los consejos de mi amigo Kappus, empeñado en que recorra el mundo.

Le aplaudo por tal selección y entrega, preciado poeta. Así lo veo en perspectiva, como usted refiere en sus versos: “Artista he sido, intérprete de mi propia existencia / ante mis ojos, que hoy la contemplan en perspectiva”.

Así le abrazo,


 

 

Nota:
* Antología de Domingo Alfonso (Editorial Letras Cubanas, 2008).