Apariencias |
  en  
Hoy es sábado, 1 de noviembre de 2014; 8:21 AM | Actualizado: 31 de octubre de 2014
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 43 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Carta de Rilke a Basilia

 , 13 de diciembre de 2011

Nota del compilador:
Estas cartas fueron encontradas en el metro de París por una anciana de la que se me negó su nombre. Se dice que estaban en un cofrecito de ébano y marfil, unidas por una cinta de color rosa, y que la nieve había borrado todo vestigio de quién las había escrito. Por mis investigaciones pude esclarecer que fueron vendidas en subasta, a un precio casi insignificante, por un comerciante a un turista, el cual las trajo en un viaje a Cuba y se las entregó a un escritor de provincia, cuyo nombre quiero conservar en el anonimato, quien las tradujo al reconocer la firma de Rainer Maria Rilke. Pero era muy difícil augurar si se trataba de sólo diez cartas o si existían más; opino, por las investigaciones que realicé, que eran solo diez cuartillas, como muestrario del tractus poético de la Isla, que el autor de las cartas de Franz Xaver Kappus había destinado a unos escritores cubanos; pero el poseedor de las mismas, después de traducidas, las había distribuido entre amigos y poetas quienes las conservaron hasta el día de hoy. Mi intención fue buscar todas las cartas, volver a colocarlas en el cofrecito de ébano y marfil, descifrar si ciertamente era Rilke su autor, y dar fe de todo ello, a destiempo, en esa apuesta por la poesía y los poetas de hoy.

 

Praga, invierno de 1910

Querida Basilia:

No le había escrito antes pues estuve alrededor de un mes enfermo; tal parece que es una especie de gripe que anda por todos lados. Estoy pensando en continuar viaje, pretexto este para salir de la casa donde resido. Ahora mismo he llegado hasta mi ciudad, desde donde le envío estas líneas, mi pequeña Praga, en la que parezco un extranjero más. Ya ni los árboles de la vecindad ni a los amigos de la infancia encuentro, como si no perteneciera a ningún sitio exacto. Posiblemente le sucede así a todos los poetas, asumir esta rara forma de ser un viandante. Y, claro está, después de recibir su texto, ya forma parte de mi equipaje. Esta carta era una deuda que ahora saldo.

Disculpe, una vez más, la mora en escribirle para comentarle sobre su libro Interpretación de la historia,* esa especie de antología que tan amablemente me dedicara. Quizás vuelva a leer el texto cuando viaje a Egipto; tengo mucho interés en conocer esa cultura del Antiguo Oriente. Creo que, en las mañanas, las cartas de Franz Xaver Kappus, ya una especie de hermano menor, me han acompañado en la hora del té, junto a su libro, por supuesto.

No soy un hombre de muchos homenajes. Incluso pretendo, con esta misiva, hacer justicia. En ocasiones la modernidad nos pasa por alto. Yo no entiendo de modernidad; hubiera querido estudiar matemáticas pero cada día me aferro al verso, y la modernidad a nivel del poema es un raro acierto, un capricho que nos imponemos en nuestras exploraciones estéticas en nuestras vidas, para decirlo hedónicamente.

Como sentencia monolítica, pudiera decir que Interpretación de la historia es una antología extraordinaria, algo que hacía tiempo necesitaba leer, y le ratifico que no soy amante de los homenajes. Supe que ha tenido un gran protagonismo en la promoción de poetas en la isla de Cuba, pero su poesía es de una vanguardia que sobrepasa la isla. Hay grandes ganancias a la hora de asumir los tonos poéticos donde usted es toda una maestra.

La mesura de sus líneas está también en el silencio de las líneas que hilvana. Sostiene un aparente curso délfico, que nos ilumina y engrandece como lectores. El libro-antología es un tractus en busca de lo que muchos definieran como “poesía pura”, sobre la cual, después de reiteradas menciones, tengo mucho que argumentar; será en otra carta. Sin embargo, viendo la corriente del neobarroco, usted postula esa rara estirpe, en particular en su cuaderno Allí donde, se distancia de esa lírica primogénita que está presente en su Pensamiento común. Artífice de un mundo donde el lector, como yo, puede descubrir otras lecturas a nivel del subtexto. Creo que hoy la literatura, al menos una parte —aquella que me interesa, le confieso—, está asumiendo ese derrotero: buscar la verdadera obra a nivel del subtexto.

Qué otra cosa son / los deseos que nos rondan / sino nuestro único alimento…”, nos afirma usted en su poemario Felices sólo de ver, y ciertamente esos deseos son lo más precario de nuestras magras vidas, el alimento que sustenta la fe de las palabras y las cosas. Hay en su poesía una zona bien marcada por obras como las de Nestor Perlongher e, incluso, de Osvaldo Lamborghini, escritores argentinos que —para mí— asumen un gran desenfado ante la carga semántica y la riqueza cosmogónica que el verso acusa y requiere por estos tiempos.

Lo subjetivo es un árbol que se advierte en su antología. La poesía vista aun como lo más subjetivo de lo objetivo, y donde lo objetivo no existe. Sin llegar a un extremo radical de lo subjetivo, concretaría: La sublimación de cargas nos hace variar la percepción que tenemos de las cosas, y creo que en su libro está bien marcada esa intención, lo cual aplaudo. Quizás nadie ha podido agujerar esos senderos que usted explota con mucha audacia a nivel semántico y que en sus versos se trasmite en un raro soliloquio a favor de usted misma.

Edifica así un reino, como si fuera una historia; un raro modo de interpretación de la otra historia. El sujeto lírico varía en cada libro, pero en el corpus de esta antología se revierte un aire diferente donde la sed, la fe y la armonía están sobre la mesa como cartas de triunfo. ¿Qué pudiera yo decirle de su poesía?

Pero no me crea a mí en ese otro andar por lo humano. Suyo,


 

 

Nota:
* Basilia Papastamatíu: Editorial Letras Cubanas, 2008.