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120 años del poema "Mi bandera", de Bonifacio Byrne

Virgilio López Lemus, 06 de mayo de 2019

No es un gran poema, ni tampoco un buen texto poético, sin embargo... Su fama es ideológica: "Mi bandera" ha tenido varios momentos de popularización, de los cuales los dos más importantes son el instante de su escritura en 1898 hasta el comienzo de la era republicana en 1902, y el triunfo de la Revolución en 1959. La entrada al Puerto de La Habana dejó impresionado al Bonifacio Byrne (1861-1936) que regresaba a su patria, y advirtió ondeando sobre el Castillo del Morro la bandera de los Estados Unidos de América acompañando a la cubana. El anuncio de carencia de soberanía que aquello implicaba, despertó en él uno de los poemas sociales, de intención civil pero con implicaciones políticas inevitables, más famoso de Cuba. Su segundo momento de gloria fue al principio de la Revolución, cuando el comandante Camilo Cienfuegos declamó algunas de sus estrofas en un célebre discurso, para reafirmar la vocación antiimperialista de la naciente revolución.

La inquietud de hallar dos banderas donde debiera solamente tremolar una: "la mía", es el motivo de todo el texto, armado en diez serventesios decasílabos. Está dedicado "Al general Pedro E. Betancourt".

El canto a la bandera resultó asunto muy tratado por poetas durante la primera mitad del siglo XX, sobre todo por los llamados postmodernistas, con Agustín Acosta a la cabeza, o más discretamente dentro de la corriente neorromántica. El poema de Byrne se inscribe en ese tema lírico y quizás sea de todos los poemas resultantes, el más recordado. La mayor parte de tales textos toman a la bandera cubana como símbolo de la Manigua redentora, y hace gala de las tribulaciones que "el trapo heroico" (Poveda) advirtió entre las filas mambisas, entre los soldados harapientos que luchaban contra la poderosa España por alcanzar la independencia nacional. Es también símbolo de heroísmo y de orgullo, se le distingue como el pendón que encabeza los combates, como la tela forjada por manos de valientes mujeres cubanas con amor y pasión militante, y es como un grito nacional tremolando en los aires. Byrne la ve precisamente como un jalón de historia: "En los campos que hoy son un osario / vio a los bravos batiéndose juntos, / y ella ha sido el honroso sudario / de los pobres guerreros difuntos". Pero en su poema, de sencillo léxico e intensión directa, se advierte más que el afán antiimperialista que se le ha atribuido (mejor sea decir anti injerencista), el interés de exaltación de ella como bandera solitaria, con una estrella también única, por lo que su carga simbólica está bastante clara, como clara es la expresión de todo el texto.

«Mi bandera» no arremete contra nación alguna, no se manifiesta con otros aspectos sobre la intervención norteamericana, aunque de hecho la repudia cuando pide ver flotar una sola bandera: la cubana. El poema se convierte en una protesta más que en una queja. Tras la Guerra de Independencia, la nación había quedado como expresa Byrne sobre su alma: "enlutada y sombría", llena del dolor de la pérdida de numerosos hijos, y mirando hacia un futuro incierto, precisamente sombrío, de libertad aún no alcanzada. Advierte con tristeza que la bandera, símbolo de la lucha independentista, flota con otra (no dice explícitamente cuál, pero esa precisión no era necesaria): "Y no he visto una cosa más triste!". La estrofa principal, la tercera, declama de manera enfática: "Con la fe de las almas austeras / hoy sostengo, con honda energía, / que no deben flotar dos banderas / donde basta con una, ¡la mía!".

El impulso del contenido es directo, no necesita el poeta una elaboración artística de la palabra más "depurada", porque lo que comunica es una aprehensión primaria, un dolor a flor de piel, una protesta. El poema es emotivo, aunque posea un inevitable trasfondo ideológico. El amor por la patria se desenvuelve en sentencia: "¡Al cubano que en ella no crea / se le debe azotar por cobarde!". Lo simbólico que hay en el texto es tan directo, que no requiere de explicación de glosa interesada: "¿No la veis? Mi bandera es aquella / que no ha sido jamás mercenaria", y detrás de tales versos de expresión desnuda de toda sugerencia o sentido oculto, viene otros dos en que lo simbólico es asimismo diáfano, ya usual incluso, sin el menor rebuscamiento tropológico: "Y en la cual resplandece una estrella, / con más luz, cuanto más solitaria".

Sus cuatro versos finales le han conquistado el espacio que tiene merecido entre la poesía social cubana. Si bien las anteriores nueve estrofas están dentro de la "poesía civil" que protesta por la injerencia extranjera sin mayores consecuencias (en La zafra, de Acosta o en alguna de las décimas de Trópico de Eugenio Florit, o en los poemas patrióticos de Felipe Pichardo Moya), Byrne va más allá con este serventesio, enfáticamente citado por Camilo Cienfuegos: "Si deshecha en menudos pedazos / llega ser mi bandera algún día… / ¡Nuestros muertos alzando los brazos / La sabrán defender todavía!".

Esa vibración combativa le ofrece otro interés al texto, que adquiere un tono aguerrido, de reto y combate. Por eso este poema no falta en las antologías de poesía social, política o de combate. Su estructura más bien de versos fáciles de memorizar y de ritmo sin mayores complejidades, no la han sostenido en otros colectáneas muy selectas (como la presentada como los cien mejores poemas cubanos anotados por José lezama Lima). Pero el poema va mucho más allá que su calidad estética, porque se convirtió en un documento en versos, en una protesta viril y a la vez capaz de representar los sentimientos de toda una nación al respecto de lo que dice.

Es un poema que ha contribuido a la conciencia nacional cubana, por tanto, su valor resulta identitario. Vence los pruritos cualitativos sobre esos versos poco pulidos de rimas ligeras y hasta fáciles, sobre ese lenguaje de una sencillez meridiana, que busca una comunicación directa para la declamación o para la lectura popular. "Mi bandera" fue escrito en un rapto y no se sumerge en la posible exquisitez de la lectura de salón. Cualquier ciudadano cubano no anexionista lo comprenderá desde los primeros versos, lo sentirá como un latido esencial de la nación, lo podrá fijar en la memoria como un poema capaz de ser esgrimido en momentos clave de la historia. Allí está claramente definido el ideal independentista y el deseo de soberanía del pueblo cubano: "Aunque lánguida y triste tremola, / mi ambición es que el sol con su lumbre / la ilumine a ella sola --¡a ella sola!-- // en el llano, en el mar y en la cumbre!".

Byrne escribió algunos textos de mayor calidad literaria, pero ninguno suyo tiene el ardor de "Mi bandera". Su poema "Los muebles", puede tener elaboraciones estéticas superiores, pero no alcanzó el ámbito que «Mi bandera» cosechó dentro de la vida nacional cubana. Byrne no asumió demasiado la sensibilidad modernista, pareciera a veces en su obra poética un miembro de la segunda generación romántica, más que un poeta que llegó a vivir en los tiempos de las Vanguardias.

"Mi bandera" ha quedado en la conciencia de la nación como obra popular, porque expresa un latido esencial de gran parte, mayoritaria, pueblo cubano, y a la vez plena de amor hacia la patria a través de su símbolo esencial, la bandera de la estrella solitaria. Por su significación, es un texto antológico de la poesía de Cuba, cualquiera que sea su valoración, incluso muy rigurosa, relativa a su valía literaria. Tampoco hay que esforzarse demasiado en materia lírica para decir lo esencial: "Que no deben flotar dos banderas / donde basta con una ¡la mía!".

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