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Descubriendo Poemas para suspirar un siglo

Osmán Avilés, 09 de agosto de 2010

Fotografiar la poesía latinoamericana y caribeña a favor de la promoción y desarrollo de las actuales generaciones de poetas, es un hecho al que poco se atiende. Visualizarla en su justa dimensión sería posible a través de la suma de aquellos autores más representativos en cada nación. Pero siempre existe el riesgo de no incluir la obra de algunos escritores, sin los cuales ciertas zonas de la literatura de un país quedarían truncas. Ahora es solo una reflexión o un eco de las pretensiones de unos pocos, si bien es cierto que la tensión actual de las sociedades ven el fenómeno de la poesía distante en el tiempo y de sus vidas. 

 

Sin embargo, el libro Poemas para suspirar un siglo (Editora La Voz del Istmo S.A. de C. V. y Editorial Robles, 2010), constituye un válido esfuerzo por acercarse a la poesía escrita por diversos poetas latinoamericanos. Este volumen, catalogado como memoria del I Encuentro Latinoamericano de Poesía en Veracruz durante el marco del IV Festival Palabra en el Mundo que fuera celebrado en esa ciudad azteca el pasado junio, contiene una treintena de autores, en su mayoría mexicanos, e incluye a colombianos, uruguayos, también de Argentina, El Salvador y cubanos.

 

El compendio recoge esas búsquedas individuales que han dado al traste con maneras de decir propias, orientadas por sensibilidades, inclinaciones estéticas y experiencias que, en los meandros expresivos, alcanzan un destino labrado por el afán de suceder la luz en cada tono poético. De tal suerte, aquí encontramos la coexistencia de una diversidad creativa, cuya voluntad de insuflar la palabra es un denominador común, perfectamente verificable con la lectura paciente de los autores que integran la muestra.

 

Por el momento, repaso los textos de un coterráneo —aunque no paisano sino del lugar donde proviene la poesía—. Me detengo, pues, en un breve texto de nuestro apreciado César López, con una postura (recordando una tendencia del pasado siglo), más irónica que sentimental:

 

No hay por qué atormentarse

de que Graham Bell no hubiese existido

antes de la presencia en este mundo

del poeta Cayo Valerio,

más conocido por Catulo, quien

quedó abandonado, listo, agotado,

velut prati

ultimi flos, praeteraunte postquam

tactus aratre est.

 

¿Por el arado qué pasa?,

¿están seguros?

 

Ceremonia con teléfonos, XX.