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Poesía de Ketty Blanco Zaldívar

Tropos, 19 de julio de 2010

La poesía de Ketty Blanco Zaldívar es de una síntesis sorprendente en persona tan joven. No reduce lo que quiere expresar: no lo mutila, no lo suspende. Lo ciñe tan diestramente, que se conquista entonces una singular eficacia. La compresión de sus versos es concisión, no pobreza. José Martí decía que sintetizar es vigorizar. En sus poemas se cumple uno de los procedimientos básicos de todo arte: la elipsis. La elipsis es la clave de la sugerencia. Es quitar para poner. En sus versos lo dicho no es más que el zócalo del obelisco. Pero el obelisco no falta, como una indudable sugerencia del zócalo. Ketty Blanco cree en que la poesía lírica es la comunicación económica de un raro estado del espíritu, y sólo trasvasa hacia la página en blanco estos momentos de extraña temperatura, en que parece que lo cotidiano alcanza un escorzo revelado, un perfil de línea discursiva.

Acaso sin saberlo, hay en su actitud artística mucho de monje zen, de meditador que da de pronto con el vacío del destino. Lo plausible es que nazcan de esa actitud piezas válidas, no supercherías orientales, no trocitos de espejos, no quebraduras de la retina ensimismada. A pesar de la rapidez de elocución de sus versos, la mente queda demorada, contemplando lo dicho, como en un ejercicio de reconocimiento que resulta muy difícil de alcanzar en la comunicación con palabras, y que la pintura logra con mayor velocidad, sobre todo la asiática. Cada tipo de poesía reclama un modo específico de leerla, y el lector tiene ante los ojos un pequeño conjunto de poemas que exigen una manera especial de conducirse en la lectura. Al término de la ope-ración, verá el lector cómo la elipsis se despliega y comunica un mundo.

ROBERTO MANZANO

KETTY BLANCO ZALDÍVAR (Camagüey, 1984). Licenciada en Estudios Socioculturales. Egresada del Curso de Narrativa del Centro Onelio Jorge Cardoso. Miembro de la AHS. Cultiva la poesía, la literatura infantil y la narrativa de adultos. Primer Premio en el concurso provincial Riesgo De Decir, Camagüey 2005. Premio de Poesía en los concursos Ada Elba Pérez y El Camello Rojo 2006. Seleccionada finalista en el Concurso de Minicuentos El Dinosaurio 2005, y en el Concurso Internacional de Cuentos Cortos ArtNalon 2006. Obras suyas han sido publicadas en El Caimán Barbudo. Graduada del Diplomado Historia y práctica de la creación poética.


YO LA ESCÉPTICA

El vuelo del pájaro ya no me convence,
la debilidad del viejo
creo que es ficticia:
la bondad del pobre, capa que le cubre.
A veces está solo el que tiene gente
que le dice bravo;
no creo
que ciertos peces naden.

LA VIRTUD

No es entregarse a medias.
No es aparentar cristales.
Es saber cuándo debes decir ya
y hacerlo.

MUJERES HECHAS DE SURCOS

Mujeres hechas de surco
y bueyes. Sin otro reloj
que el grito de un gallo, sin otra
esperanza que la lluvia
negada.
Café, humo y tierra
alimentan sus días,
un sudoroso amor insatisfecho
rellena sus noches.
Todo en acostumbrada
redundancia.

CANTO A MÍ MISMA


"No me llamo Walt Whitman
Es bueno que así lo sepan".

(CARLOS ESQUIVEL)


No me llamo Helena de Troya,
por quien se tiñeron de sangre las palabras.
Pero soy bella, lo digo
cada mañana al espejo.
No necesito que se amarren a mí
los pasos de un futuro escrito,
ni ver la ciudad arruinada a mis pies
para saberme dichosa.
Mi nombre es otro, clavado
por lanzas de inútiles palabras.
No soy Helena,
pero al voltear estas cenizas,
algo habrá sido diferente.

PRESAGIOS

Casandra,
embestida por el Minotauro,
presagia la caída del muro,
desconcertada ante la algarabía de un pueblo
que todavía intenta el paraíso.

A veces yo también
tiemblo ante la reja.

EL SÉTIMO PECADO

Amo a Dios en sus designios fatales
y su cuerpo líquido, intangible.
Amo a la Virgen con sus milagros
de travesías saladas y negros que la exaltan.
Amo a mi madre con sus cuerdas rotas.
Al gato que todavía no tengo,
al que le cambié el nombre más de siete veces.
Las aceras izquierdas, las mañas sombrías.
Y me amo en el centro de todo.

LA ORUGA

He decidido volar.
El espacio es corto en estas paredes
para desplegar la alegría,
pero no importa:
he decidido volar.
Mis dientes no son tan blancos,
en una sonrisa no lucirán
tan lúcidos.  Sin embargo,
estreno alas esta tarde.

MUJER DE LOT

Quédate inmóvil sobre la estatua
de cabellos salados.
No tornes la vista, ahora el calor
lo consume todo.
El viento dispersa tus hormonas.
Quédate inmóvil, aunque la curiosidad
se encarame a los ojos.

Quédate inmóvil, porque a las estatuas
también se las come el fuego.