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Manuel de los Santos Carballo, más allá de Matanzas

Leonardo Depestre Catony , 27 de abril de 2010

Por el título, sabe ya el lector que esta vez le comentaré acerca de un bardo nacido en la provincia de Matanzas, aunque su patria chica lo fue la población de Bolondrón. Se desconoce la fecha —día y mes— de su nacimiento, pero sí que fue en 1855 y que su infancia transcurrió en un medio económico holgado, pues su abuelo paterno era dueño de ingenio.

Sin embargo, aquella vida apacible se transformó a partir de 1868, cuando su familia abandonó el país (por razones económicas y también políticas) y se trasladó a México. Allá, en Jalapa, se establecieron y forjó el joven nuevas amistades, algunas en los círculos literarios. Pero la expatriación no debía durar sino lo indispensable, y terminada la Guerra de los Diez Años la familia regresó a Matanzas, donde Manuel de los Santos Carballo se casó, unión de la cual su esposa le dio la cifra hoy considerable —si bien entonces bastante natural— de 6 hijos.

Como poeta, Carballo sintió profunda admiración por Víctor Hugo, Lord Byron, también por los cubanos Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), José María Heredia y algunos más. No muchos sabían de su condición de poeta, pues acostumbraba a leer sus composiciones solo en el círculo de los amigos. Tuvo, entre estos, a los hermanos Carlos Pío y Federico Uhrbach, aunque se afirma que era de carácter retraído y cáustico.

Con todo, fue hombre de la prensa. Fundó la revista El Arte y el periódico La Palabra. También trabajó como redactor de La Mañana, de su compatriota y amigo Bonifacio Byrne, a quien admiró. Ya decidido a reunir sus textos, publicó, en 1893, Voces en la noche, prologado por Nicolás Heredia, y La leyenda de la carne. Colección de poemitas, en 1895. Un tercer volumen apareció, en 1895, bajo el título de Temblorosas. Versos para mujeres.

“Fue la suya una poesía original —apunta el crítico José Manuel Carbonell, quien mucho lo pondera en el tomo IV de su monumental obra La poesía lírica en Cuba—, con reminiscencias, a veces, de Víctor Hugo y de Espronceda, de contornos plásticos y coloridos fantásticos. Su imaginación, objetiva y visual, como la de Manuel de la Cruz, le hizo mirar las cosas a través de vidrios aumentativos, con proporciones colosales”.

Soldado luchador contra el tirano,
tu sangrienta mirada, tu frente altiva y tu desnuda espada
me dicen: soy tu hermano!

Cuando la voz de la venganza y muerte,
lanzando al opresor su santa ira,
la Justicia revuelve el brazo fuerte,
tú el acero le das, y yo la lira!

(Fragmento de El poeta al héroe)

Carballo colaboró en La Habana Elegante, Gris y Azul, El Fígaro

La irrupción de la Guerra del 95 lo determinó a trasladarse a La Habana. Su situación económica era, para entonces, precaria y la salud le flaqueaba. El poeta murió en la pobreza el 1ro de abril de 1898, a la edad de 43 años, fecha de la cual se cumplen ahora 112 años, que nos sirve de pretexto para evocar a una figura de las letras matanceras, que hoy, y en realidad desde hace muchas décadas, permanece en el olvido y lo que es peor, resulta a muchos totalmente desconocida.

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