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Cien poetas
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Quizás el inicio pueda ser mejor referido a la poesía oral, como estaba aconteciendo en México y en Santo Domingo, donde quedaron testimonios recogidos por diversas causas, que denotan la existencia de un flujo versal octosilábico considerable. La oralidad en Cuba debió ser extensa e intensa, sobre todo en el empleo de la décima, puesto que cuando aparecen por fin en el cuarto final del siglo XVIII las primeras composiciones de lo que llamamos la tradición lírica continuada, se descubren en ellas vínculos evidentes con el substrato oral; es curioso que los primeros poetas que pueden considerarse como antecedentes inmediatos de la tradición lírica cubana, se expresan preferentemente en décimas o en otras formas del octosílabo. Fuera de tal primacía, el endecasílabo toma su mejor camino a través del soneto. Alrededor de los años que preceden y suceden a la toma de La Habana por los ingleses (1762), un grupo nutrido de versificadores se distinguía como el antecedente inmediato de la tradición pronta a formarse.
Cronológicamente entendidos dentro de la naciente tradición, los primeros poetas sobresalientes fueron Manuel de Zequeira y Arango y su amigo Manuel Justo de Rubalcava, ya no sólo por las calidades que alcanzaron en sus respectivas obras, sino por su propio carácter de tipicidad insular, de conciencia diferenciadora con lo español. Si el canto a la naturaleza cubana iba siendo el tono, tema y problema inaugural de la poesía de Cuba, los poemas que lo inauguraron con más cualidades son la oda "A la piña", de Zequeira, y la "Silva cubana", de Rubalcava.

Entre 1790 y 1820, como fechas aproximadas, se extiende el lapso del neoclasicismo, caracterizado por formas clásicas semejantes a las que se emplean de preferencia en la Metrópoli, con evocaciones de dioses grecolatinos y un singular canto a la naturaleza con clara voluntad de mostrar sus diferencias en relación con Europa. Un poeta encabalgado entre lo "popular" y lo "culto", Francisco Pobeda y Armenteros, logró a su vez ser de los iniciadores del proceso de "cubanización" de la lírica, de la que él mismo, con no pocas razones, se autotituló iniciador, poco antes y también coetáneamente de que Domingo del Monte intentara lo mismo, proponiendo la "cubanización" del romance.
El Romanticismo madurará en Cuba gracias a una figura de rango continental, cuya obra poética rompió con lo establecido dentro de todas las áreas de la lengua española, incluso de la propia metrópoli, dominada por un neoclasicismo de diversas gradaciones. Ese poeta fue José María Heredia, magnífico lírico de variados registros. Con él, el proceso de expresión de lo identitario en la poesía, adquirió un carácter nacional, aun sin que se pueda demostrar la existencia absoluta de una nacionalidad ya definida, sino en ciernes; ello se observa en la prédica sobre la libertad, el surgimiento en su obra de signos patrios y a cierta inspiración bolivariana más apreciable en su prosa; Heredia tiene que fijar residencia en México, en un exilio también primado en Cuba. Con él se identifica el surgimiento de la primera generación romántica. La tradición es tal, que ya se puede hablar de generaciones.

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