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Cien poetas

NELSON SIMÓN
(1965)


Así como su poesía suele ser de mensajes directos, de contenidos más que del interés de las formas por las formas, una elegancia en las asociaciones de palabras y un refinamiento de lenguaje le conducen a una conjunción entre lenguajes renovadores y tradicionales, entre lo conversacional y el intimismo que aún quiere nuevas fuerzas expresivas. Véase el poema “Islas”.

Obra referencial: Simón, Nelsón: Criatura de isla, Ediciones Bahía, Algeciras, 1996.


 

ISLAS


Me convertiré en isla, isla
como suelen ser todas las islas.
Virgilio Piñera


El horizonte es una navaja y nadie ha de escapar entonces
de la herida, de su fuego redondo que nos muerde el costado.
Nadie ha de dudar que la vigilia, el miedo y la ciudad,
nos van volviendo islas con sus tardes de otoño, acorralándonos;
con sus acantilados y sus mordazas de humo premeditadas,
necesarias al salir de las casas
y recorrer el viejo paisaje, los hierros retorcidos,
el mínimo espacio de la muerte.

Nadie ha de dudar entonces que estoy muerto.
que morí de silencios ante el mismo muro frío
que otros se negaron a creer. Morí ante el mismo disparo
como un pájaro de hielo comiendo de la fruta,
del rojo corazón que con astucia el francotirador fue madurando.

Nadie ha de dudar que en la muerte uno también se queda
al descubierto. En una isla un hombre es un puñado de tierra
que no alcanza para sembrar sus ojos dispersos entre los dienteperros.
En este mismo instante yo me convierto en isla,
estático y nervioso como suelen ser todas las islas.
La sal irá borrando mi nombre, mi sexo,
las líneas de mi mano y puede que hasta mi voz
Se acostumbre a ser noche entre las pocas tablas de la muerte.
Me entregaré a ese mar desconocido que envuelve a toda isla
empujándola un poco más allá de sus mentiras.
Me quedaré sin lámpara, sin pájaros, sin huesos.
Sólo tendré la fiebre que me impone el silencio
y el pecho oscuro redoblando como un tambor
bajo la blanca y movediza arena de mis manos.

El horizonte es una navaja. Girando sobre él, descubro
que también yo pude ser el fusilado, la piedra del ejemplo,
la roldana del pozo, el cubo que te lanzan contra la superficie.
No tengo otra salida que apacentar mis bestias al sol del mediodía,
guardar las más íntimas sombras de mi espejo
en el mimetismo de las olas, irme volviendo isla
mientras llueve mi muerte.

Ser una isla es ser un hombre
que se encierra en su cuerpo para escuchar el canto subterráneo
de los peces. Un hombre que acomoda el silencio
entre sus heridas.



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