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Cien poetas

MIGUEL BARNET
(1940)

Trae al coloquialismo la raíz negrista de la poesía cubana, a través de los sentimientos religiosos y la cultura del hombre y la mujer negros coetáneos. Quizás sea ese el aporte central, pero no único, de la poesía de Barnet, en la que los dioses de origen africano, sincretizados, han sustituido por completo al panteón grecolatino, que en otros momentos insistía en aparecer en la poesía de Cuba. Novelista y ensayista, discípulo de Fernando Ortiz, tal vez sus éxitos narrativos han opacado, temporalmente, sus méritos como poeta. Su coloquialismo no se basa tanto en el desenfado, el prosaísmo extremo o el reflejo testimonial de la circunstancia inmediata, como en el ansia de apresar otro tipo de "testimonio" humano no autobiográfico. Véase el poema “Peregrinos del alba”.


Obra referencial: Barnet, Miguel: Con pies de gato, selección y prólogo de Frank Padrón Nodarse, Ediciones Unión, La Habana, 1993.

 

 

PEREGRINOS DEL ALBA

A la dotación del buque Sirene (1836)


Extranjero, tú que no pudiste ver los ahorcados,
abuelos, padres, alucinados alguna vez, constructores,
del marfil en Ifé o Benin, príncipes amurallados.
Tú que no puedes imaginar este mar lleno de muertos
Este país como una obscena laguna,
como un umbral de maliciosos recuerdos.
Quiero que conozcas la impiedad del yugo.
Que te avergüences también
de la sangre aminorada
En nombre de mis antepasados blancos
yo te hablo.
En nombre de Canoon, el negrero:
"Cuando zarpamos el mar de grande se me perdía
en los ojos. Luego de seis meses de navegar
llegamos a la costa cerrada de unos árboles
salvajes e hincosos. Llevábamos piedrecillas
moradas y algunas telas de tafetán que luego
se convirtieron en un estupendo amasijo de
negros bien corpulentos y negras que nos aseguraron
paridoras..."

Ahora piensas en la travesía, aquellas cabezas
negras, aquellos brazos pulidos comidos por la
malaria y el tifus.
Piensa en la fiereza del mar batiente
y los cráneos amarillos abajo.
Toma por una calle cualquiera de mi ciudad
y oirás los tambores invocando la oración
y un dios mitad trueno mitad palma
hablando por los caracoles.

Escucha, extranjero
Sé tú mi única ventura
Déjame darle a estos ojos un sosiego
A este remordimiento una salvación
Acompáñame hasta el amanecer
Te parecerá mentira una isla así tan sola
y estos peregrinos inaugurando el alba siempre.

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