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Cien poetas

MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ
(1936)

Es quizás el poeta más inclinado a los entornos metafísicos, entre los integrantes de la Generación del Cincuenta. Sus mejores textos muestran vínculos entre lo onírico y lo familiar, incluso cuando es el amor el tema central. "La cena" ha sido uno de los poemas mejor reconocidos dentro del coloquialismo, en tanto que “Como todo hombre normal”, uno de sus textos capitales, adopta el ambiente familiar cotidiano, pero pasado por un fuerte sentido sensorial y emotivo, en el que la muerte suele aparecer en el trasfondo, dada la propensión elegíaca del poeta. Se recordarán también sus textos "Manuel", y "Con amor los prevengo".


Obra referencial: Díaz Martínez, Manuel: Alcándara, prólogo de Virgilio López Lemus, Ediciones Unión, La Habana, 1991.

 

COMO TODO HOMBRE NORMAL


A Ofelia

1


Yo, como todo hombre normal, soy maniático.
Me llevo bien con mis obsesiones.
Mis relaciones con la angustia son cordiales porque no creo que
en el mundo todo está ganado,
pero tampoco que todo está perdido.
Simplemente pienso que falta por hacer la mejor parte.
(Cuenten conmigo.)
Pero pido que se razone y se hable claro.
Y pido que se condene a Dios por incapaz y al Diablo por ridículo
y a la Gloria por exagerada y a la Pureza por imposible y al Iluso
por iluso y al burgués por dolor y al Fanático por pandillismo y nocturnidad.


2

Yo, como todo hombre normal, estoy enamorado de una mujer,
de una gran mujer nerviosa, bellísima, al borde la histeria,
de una espléndida mujer que le gusta vivir,
que hace el amor como una niña de convento
a pesar de sus grandes ojos dibujados, de sus
largas piernas duras y del temblor de primavera, del frenético temblor obsceno
que desgarra la blancura de su vientre.
Y estoy enamorado de mi tiempo.
que es brutal y también está al borde la histeria.
Estoy enamorado de mi tiempo con los nervios de punta,
con la cabeza rebotando entre el estruendo y la esperanza,
entre la usura y el peligro,
entre la muerte y el amor.
Y sueño y vocifero
frente a una sorda, ululante multitud de turbinas, pozos de petróleo, gigantescos combinados siderometalúrgicos donde el hombre
crece en la presteza de sus dedos sobre los
controles y las herramientas, fundido al cuerpo
caliente y brillante de las máquinas, que se
desgastan incesantemente fabricando un mundo
radiante y futuro, jamás visto, jamás oído,
jamás tocado, habitado por fantasmas que
apenas tenemos tiempo de engendrar.
Estoy enamorado de una mujer
bellísima y neurótica como la Historia,
y me hundo en sus carnes espaciosas para que la aurora
que estamos construyendo
no ilumine un planeta solitario
y melancólico.


3

Creo que el mundo puede y debe ser cambiado
piedra a piedra y hombre a hombre,
y con esa fe me acuesto y me levanto.
Mi corazón es un bosque de furias y benevolencias.
En mi cabeza, las derrotas, los triunfos y las utopías
han abierto océanos, han levantado barricadas, han hecho muertos
y resucitado muertos, han dictado reglas de belleza y de moral
han fomentado el desaliento y proclamado políticas salvadoras,
han inventado islas y culturas y mártires victoriosos;
en mi cabeza, la libertad ha coronado ídolos intolerantes
a cuyos pies en llamas he quemado dogmas e idolatrías.
Me refugio en mi cabeza, todo yo metido en mi cabeza,
que es un balón de fútbol pateado por pavorosas
risas, por pavorosas palabras,
por pavorosos silencios.
Invito a todos los hombres de la libertad y del trabajo
a patear este balón,
a dar en el blanco con esta pelota silbante.

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