DUDA
Yo pudiera caer en las plazas
enormes, tumultuosas
tropezar con mis piernas
entre la humareda de los kioskos o la
boca asombrada de los niños.
Alguien se apartaría
pisaría mi rostro por descuido,
por justo desprecio
y tiraría de mí porque alguna
vez me amó verdaderamente
y yo, como una huella más sobre
los adoquines
no intentaría nada.
En verdad, sólo sería el
miedo de estar muerto
creer que todo va bien y ¡chas!
vaho en esa misma boca de los niños
o quién sabe si en la mismísima
boca de los ángeles
y entonces mi terror no me dejaría
mover.
Si fuera una mañana
de domingo la gente reiría
con toda su salud
y si ocurriera en tiempos importantes
habría un castigo sumarísimo
sin otra explicación.
Pero como nadie juzga a nadie por sus
mismas palabras
yo dudo
y puede que hasta sea un hombre bueno.
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