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Cien poetas

CLEVA SOLÍS
(1918-1997)

Entre Orígenes y Samuel Feijóo, la poesía de Cleva Solís insiste en lo cubano desde una actitud sensorial ante el hecho poético, quizás sustentado por su cualidad de pintora. Gracias a ello, visualiza paisajes citadinos, o se acerca a la música con un interés poético casi nunca emocional, puesto que no acude a la confesión sentimental ni a las alusiones exactamente autobiográficas. Buenos ejemplos de su poesía son "El jazz" y "George Gershwin", entre los mejores poemas cubanos vinculados a las manifestaciones populares de la música. Se recordará también la suite "Los parques cubanos". Reconocía como año de nacimiento a 1926.


Obra referencial: Solís, Cleva: Los sabios días, Ediciones Unión, La Habana, 1984.


 

EL JAZZ

Para Bella y Fina


Deedée fumaba,
mirando como caía la lluvia en la calle.
Aaron la había atormentado
toda la noche con aquel hombre:
Sí, cuando cantaste aquello de la Mosca de Oro.
Con el traje azul
y la luz rosa sobre el pelo,
tú le sonreías de qué modo.
No me digas que no era así.
Y atravesaron la calle de las magnolias
ambos bajo un paraguas mojándose.
De pronto él sollozó
y parecía un niño deprimido y sonámbulo.
Y volvió:
–¿Qué dices de todo esto?
Si sigo así no voy a poder tocar mañana
en el Apollo.

–Dulce y sereno estar es éste
-Dijo Dixie- al tiempo
que bebía mi cognac
sola en una mesa.
–Entre él y yo, solo las tinieblas horrorosas
de antes. Si todo sale bien
iré a casa de mi madre.
Flora mi hija ya tendrá doce años.
Pero Jess ahora se entregaba
a un torrente, a una turbia marejada antifonal
produciendo un grito clamoroso,
mientras las baterías arreciaban,
y era el compás bendito,
torposo, anhelante.
–¿Será posible? otra vez se acerca.
la luna rojiza y las picualas en olor.
Regresa el de hace años, cuando yo llegue aquí
y no conocía todavía los cafés de noche.
Otra vez. Sí. Ha descendido en su espuma,
en sus tardes del Ciros.
El pantalón de rayitas y el suéter marrón.
Esta carta que iba a enviar,
la romperé. No tengo fuerzas ya.
La pluma azul del acorde aquel,
el remate del malecón haciendo caracolas.
Su mirada es un delirio atravesando
toda mi soledad, todo el frío de la noche.

El otro es mejor.
Desde hace años me viene rondando.
Ha viajado medio mundo,
es simple y enigmático.
Voy a ensayar con él esta tarde.
Pero no me parece bien
que le haga eso a Say.
Y Paulette y Alicia
se despidieron. Chaplin
llegó a la hora señalada.
Los músicos sepias y delgadísimos
como arpas
dibujaban lirios y estelas
balbucientes. Los amantes
flotaban. La corriente
era la fuente de los ósculos
y las ternuras infinitas.
Los acordes se iban
acurrucando en la oscuridad
del amor. Las cartas del corazón
se perdían en una fiesta
de silencios conmovidos.
Pero cuando Guy vino
por las tomas,
cuando los metros de celuloide
iban a deslizarse,
Charles venía en una bicicleta amarilla
haciendo cabriolas,
y tropezaba de pronto con un farol.
Después ambos rompían
a bailar el Charleston.
Entonces la alegría era un
río inmenso,
que tramontaba el espectáculo
de coches radiantes con sombrillas de colores,
caballos empenachados
con bailarinas que corrían como flechas veloces,
amantes de rostros inolvidables
que volaban con gala de besos en el pelo,
tranvías con cabras que saludaban.
De modo que el arte se ceñía
su música más conmovedora,
más profunda.
El Hurón verde dejaba escuchar
un fox-trot quejumbroso.
¿No es ésta Ana Christie,
con su sombrero atascado y su mirada desolada?
Nils Asther
se arrodilla y besa sus manos pálidas.
Pola Negri cruza el umbral de pronto,
y afecta un aire de desdén
para Milhaud.
Este la señala.
Deja su capa y la invita.
¿Es acaso un caballero misterioso?
¿Quien dijo tal cosa?
No. Es el mosquetero italiano
el que debe llegar.
¡El Shimmy!
¡El Shimmy!
Y Valentino se acerca.
Entonces se enciende una llamarada violenta.
La sonoridad tersa de la orquesta modula
Body and Soul.

El hombre gris
tenía una risita socarrona:
ji ji ji ji ji ji ji ji ji ji ji ji
poniendo en el piano avispas encendidas.
Fausto llegó endemoniado,
le habían recesado el contrato.
Jasbo con lengua muy lenta
y andar torposo se acercó al grupo.
Quiso decir algo y solo musitó:
"Bessie, Bessie."
Pero Buddy Marsala,
después de aquello de la "Garrapata y el mono
empolvado" se retorcía: jo jo jo jo jo jo jo jo jo.
Addo insistió en ir al "Gato erizado"
pero nadie lo escuchaba.
Entonces Jasbo en voz baja
cantó estremecido:
You'll never miss de water till de will runs dry,
never miss de water till de will runs dry,
an´ never miss Bessie Lee till she says
good-bye.

Flora delante del espejo destartalado,
en el camerino de azules lechosos,
observa su lento irse,
como se va marchando el raso de otros días
y la flor entrega el deleite
de sus misterios,
Y ahora estrecha
los bordes raídos
que flotan bajo la lámpara difusa,
con los cabellos rojizos
como alambres calcinados al fuego
vivo de los días,
y los grandes salones ya están lejos
y la luz no consume
sus tribunas de galas lampadarias,
y sólo busca la sombra de los espejos.
"Along"
"Along"
Mientras el piano ampara todavía
el hilillo de su voz rajada.
¿Era ella Louise
Marcia
Anna
o Alberta?
Chevalier se baja de un auto y dice:
¡Buenas tardes!
¡Buenas tardes!
¡Buenas tardes!
Louise avanza y cruza la calle
con traje malva y gran sombrero de altos vuelos,
al tiempo que abre una sombrilla de seda blanca.
El francés con pajilla echada a los ojos,
y bastón haciendo ceremonias,
le hace una venia
comenzando a cantar:
"Murmura la brisa Luisa al pasar"...
Entonces va dando brinquitos,
sacudidos unos,
volteándose en rueda radiante otras,
en sincopados pasos con retintín
en la pantomima sucesiva,
mientras el rostro afortunado
en la sonrisa cálida
se rinde a la amada.
Enarbola el bastón
con maestría de estilo, sabedor
del encuentro con un rostro
ovalado, fino, abrumador
de encantos.
Retrocede, avanza,
se hurga los bolsillos
buscando su carta perfumada,
y se explaya por el olvido:
"Oh, se quedó en casa de Gigi"...
De espaldas da disculpas.
después saluda,
merodea,
hace guiños.
A trasluz devana un torrente
de alegría,
se retira de frente
quitándose el sombrero,
y se va yendo.
Luces, luces, luces.
Saluda.
Adiós.

Delius y Satie tranquilizan a Bessie.
Ahora Bessie no tiene cabeza para nada.
"Yo lo vi ayer precisamente,
antes de ocurrir el suceso.
Y pensar que ahora...
Bessie mira...
¿Quien iba a suponer
una cosa así?"
Bessie de pronto dice algo de Charles:
"Él había terminado de ejecutar Smoke in Your
Eyes."
Yo lo cantaba y me dijo:
"Todavía me envuelve el humo tuyo,
todavía me envuelve."
No le contesté nada y seguí.
Después él se recostó sobre una mesa y me miraba
Pensativo, fumando.
Supe luego que se arrojó debajo de un camión.
¿Qué quieren?
Él sabía que Rappolo había llegado aquí
hace días. Y me vio con él una y otra vez.
Pero ahora entraba el público, había que tocar.
¿Tocar?
Esa noche el timbre antifonal
y sentencioso del saxofón,
no tendría ya su verdadera gloria.
Había una corona de geranios negros
en la orquesta de Charles Armiess.

Abril 1966


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