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Cien poetas
ALBERTO ACOSTA PÉREZ
(1957)

Máster en Promoción Cultural, su obra poética ha sido publicada en varios países, especialmente al ganar el Premio Internacional de Poesía "Gerardo Diego" de 1989, en España, con su libro El ángel y la memoria; es una de las voces más sobresalientes de las nuevas promociones de poetas cubanos y algunos de sus poemas, como "Isla", pueden ser tenidos ya por textos definitivos de valores antológicos. Su poesía trata sobre la existencia, los seres paradojales o solitarios, la ciudad como difícil colmena humana, la propia poesía como necesidad vital, la identidad asumida como conducta. Véase el poema Isla.

Obra referencial: Alberto Acosta-Pérez: Monedas al aire, Editorial Letras Cubanas, Colección Pinos Nuevos, La Habana, 1996.

 

ISLA

"Yo soy quien vela el trazo de tu sueño."

Gastón Baquero


Yo te amo isla
aunque seas un límite tejido y destejido gravándome la sombra
llevándose el verano en una hoja negra y traslúcida
aun cuando frágil juegas en los dedos de la lluvia
y te padezco en mi memoria y me presiento libre
porque tu corazón es un bosque de furias y benevolencias.

Yo te amo isla
fuerza y moneda entre los dedos
invitando a la sublevación de los cuerpos
en los que yo sé que existo
cuando la noche renueva el cristal de su mejilla
y nace súbita
haciéndome sentir que nunca me abandonas
que me inventas
que me finges jardines y cristales
en la pequeña eternidad de arena e inocencia
donde tú me posees mejor y para siempre.

Yo te amo isla
aun cuando el sueño me obliga a disolverte
escanciando arena entre nosotros
aun cuando hasta las cuerdas inventadas donde sobrevivo
se deshacen
y dejamos de ser esos dos personajes de una misma película
dos seres que yo siento ahora como una vocación extraña y definitiva
aun cuando jugando al escondite nosotros perdimos ese algo que se yergue y acaba
haciéndonos igual a los demás hombres.

Yo te amo isla
conspiración en la conspiración
fuerza en la fuerza
llena de dardos y sonidos.
Nadie lo sabe todo mejor que tú.

Yo te amo ínsula
¡quién viene a lamer en mi cara tu pasado
la extraña indiferencia de par en par abierta como un hombre o un país
o un manojo a medio despertar!

Yo te amo ínsula
donde familias tonsuradas con un hijo plantado en el desierto o en la selva
me hablan sólo de la gloria y la paz de los museos
y los cuerpos extendidos levemente de una boca a otra boca
propagan esas manchas increíbles que asustan como muros o niños asesinos
Yo te amo isla
espía de mi esfuerzo y de mi vida
porque ríes en la luz amarilla del espejo
y me haces recordar que he sido amenazado por un gesto superviril
que me he perdido en una red vacía
que estoy enfermo de flores ácidas
que así responde un niño ante una trampa o una marca.

Yo soy un silencio de voces reunidas
de muertos amigos repitiendo la turbia indiferencia
soñando siempre la belleza de algún lugar remoto
algo como París o la irrealidad la alta ceniza que llenará las bocas.


el mundo es un bello libro donde leer cómo huele una época
para descifrar a través de sus carbones
el sentido último del delirio o la tristeza.

justo cuando lo maduro y lo imposible arrancan un pez al paraíso
y la adrenalina rellena los cuerpos aplastados
y los hipocampos y los jardines invisibles
y los rumores enemigos tiemblan en su origen
he creído verte uniendo los dedos en una orquídea o en un Cristo adolescente
que escribe nombres a lo largo de la costa
con un dedo tan agudo como una fibra de ballesta.

Yo te amo ínsula
ruiseñor ensimismado en la vigilia
arrasado en la nube crujidora
pero quisiera que me miraras como si no existiese.
Yo nací deshabitado.

Ah ínsula que entras al poema y te conviertes en su centro
en su rey imaginario
en el súbito horizonte
en mi rostro
en el caballo de la muerte
yo quisiera sentirme y perderme en las raíces jinetes de los muros
en la ciudad que recorren los cuerpos fosforescentes y capaces de llorar
en las piedras la flauta el estero
en la fruta de escarcha
en el padre loco y su cuchillo
en el rectángulo de aguas donde vive la luna.

Yo soy esa historia tan serena de ser dos
de ser lana y niño maldormido
pobres muros vagas llamadas telefónicas
alguien que se despide como si tras la puerta hubiera siempre un maëlstrom o una flor carnívora
(Soy un poeta de la mano izquierda
y esa noticia partirá mi memoria en dos pedazos.)

Yo te amo ínsula
a esas horas suntuosas cuando las miradas son tulipanes amarillos
y después
sin una excusa
tenga o no tenga estas ganas enormes de abrazar.
Yo te amo ínsula
estoy en ti sepultado bajo el bello peso de tu cuerpo sarmentoso y de jugos oscuros
estoy muriendo hablando de otro tipo de desnudez
y perderme en el aliento de tu cielo
sentir la sombra de tu ángel
ser tu criatura gemidora
los ojos inventados una tarde sobre el mar
el gigante que te mira a la cara fijamente
y te levanta febril sobre la muerte.

¡Ah isla vine a contemplarte mientras persistes como un dios en cuyo cuerpo
se olvidan esos juegos de luces contra natura donde yo sé que existimos!

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